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El primer argentino que logró cruzar Groenlandia
Mariano Curiel, de 35 años, se convirtió en el primer argentino en atravesar la desértica Groenlandia.
De oeste a este, arrastrando 90 kilos de peso en dos trineos, guió a su expedición, integrada por cinco europeos.
Soportó jornadas de noches blancas con un sol de fuego y 25° de sensación térmica y, enseguida, principios de congelamiento en la nariz y en sus manos por el descenso brusco a 35 grados bajo cero.
Enfrentó tormentas de nieve, con vientos de 120 km/h y nula visibilidad, que durante casi tres días lo inmovilizaron en una carpa en el hielo. También días de calma monotonía.
La región polar le mostró todos los matices de su paleta. Sorteó grietas, luego piletones, que se transformaron en ríos subterráneos y más tarde en ciclópeas lagunas. No sin asombro, Curiel fue testigo en el terreno del récord histórico del derretimiento polar en Groenlandia.
“Hubo días en que debimos cruzar más de 200 arroyos y ríos con el agua hasta la cintura. Y ese fue, quizá, el mayor desafío -relató al diario La Nación al arribar a Buenos Aires- porque aunque parezca una nimiedad, al mojarnos los pies y estar obligados a seguir andando, para no enfriarnos, las ampollas no terminaban nunca de cicatrizar”.
Junto a su amigo sueco David Berg, emprendieron la aventura el 14 de mayo pasado desde el fiordo de Kangerlussuaq, 318 km al norte de Nuuk, la capital groenlandesa. Los acompañaban otra guía noruega, un inglés y dos alemanes.
El punto de inicio, 66 km al norte del círculo polar, marcó a partir de allí, los esfuerzos por hallar una ruta segura, apenas zigzagueante, hasta la otra costa en el Atlántico Norte. El grupo, de entre 23 y 55 años, llegó a su meta, en el pueblo de Isortoq, a orillas del estrecho de Dinamarca -unos 100 km al sur del círculo polar-, el 8 de junio, en plena primavera boreal.
Entre las expediciones polares, el cruce de Groenlandia -explicó Curiel- se ubica en el tercer puesto entre las aventuras más extremas.
Llegar al Polo Norte, trajinando 800 km de hielo marino, desde el continente (en Canadá o Rusia) es sin dudas la de mayor exigencia. Le sigue el Polo Sur completo, que supone un recorrido sobre esquíes de 1.130 km por el hielo continental.