Romina Oviedo Pérez tenía una vida cómoda y estructurada en CABA. Tocaba la viola en importantes conciertos, atendía a sus clientes en temas contables y jurídicos, cursaba un máster en administración de negocios y disfrutaba de los rituales familiares y salidas con amigas.
Sin embargo, una voz interior le decía que su lugar en el mundo estaba lejos del Obelisco. Haciéndose eco de ella, tres años atrás vendió su automóvil, armó las valijas y tomó un vuelo que la transportó, junto a su esposo y tres hijos, hasta el aeropuerto internacional de Miami, para luego establecerse en la zona de Orlando, en Estados Unidos.
Desde allí, auto de alquiler mediante, cargada de adrenalina, felicidad e incertidumbre, Romina se dirigió hasta una de las propiedades que había rentado. “Nosotros emigramos sin conocer absolutamente a nadie en el lugar al que íbamos, nos teníamos solo a nosotros cinco y eso nos hizo crecer y unirnos mucho más, tanto de manera individual y como familia”, reconoce.
Y comenzó una nueva etapa profesional. “Una de las más desafiantes, hasta ahora en mi vida personal, no solo por todo lo que implica vivir y comenzar profesionalmente en otro país desde cero, sino por la adaptación profesional a las nuevas reglas de la nación y del mercado”, sostiene Romina. En un principio, lo hacía desde una franquicia adquirida en Estados Unidos, tiempo antes de instalarse en ese país. Pero su idea máxima era gestar la empresa que tenía en mente. Con valor y osadía, la argentina fundó OPC TAXES, una firma especializada en soluciones tributarias y contables, tanto para personas como para empresas.
No fue una tarea sencilla dar el puntapié inicial. “Costó mucho el arranque. Al ser una nación en donde el crédito y la confianza se construyen con el tiempo, nos pedían sumas exorbitantes para alquilar una oficina y hasta un año entero de adelantos”, rememora la CEO.
“Ayudamos a cumplir con todas las obligaciones fiscales de manera segura y muy personalizada a argentinos y latinoamericanos que deseen invertir o instalarse en cualquiera de los estados. Simultáneamente, asesoro a profesionales, emprendedores, desarrolladores de software y directivos de multinacionales”, remarca.
Como contadora y abogada, con un máster en negocios y una especialización en impuestos de Estados Unidos, pronto logró ganarse un lugar propio en el competitivo mundo laboral. “La clave es que sigo estudiando y ampliando los conocimientos para crecer más en mi rubro y brindar un mejor asesoramiento y servicio a mis clientes”, sostiene quien está a punto de obtener un máster en Derecho en la Universidad de Dayton, Ohio.
Tanta dedicación, esfuerzo y permanente capacitación tiene sus recompensas. Porque la American Bar Association (ABA), una institución que se asemeja al colegio de abogados en USA, acaba de incorporarla como miembro. “Me da la posibilidad de participar en varios comités con diferentes temáticas”, revela la profesional que ya integraba la American Immigration Lawyers Association (AILA), la principal organización profesional para los abogados de la nación más extensa de América del Norte.
Inquieta y multifacética, Romina acaba de publicar su primer libro “Tu empresa en USA, manual del emprendedor extranjero”. Se trata de una guía práctica para crear, operar y escalar el negocio en Estados Unidos sin residir en el país.
“El mercado estadounidense no es complicado. Es lógico. Cuando conocés las reglas, todo se vuelve predecible”, asegura la autora que, valiéndose de su experiencia internacional, presenta un método claro y aplicable para que los inversores extranjeros puedan estructurar su negocio en USA con coherencia legal, fiscal y operativa.
“Cualquier emprendedor puede ofrecer sus productos o servicios dentro de un mercado gigante, como es el de Estados Unidos, sin necesidad de establecerse ni migrar a ese país. En definitiva, puede dirigir su empresa desde su casa u oficina, eligiendo la estructura, conociendo las reglas del juego desde el comienzo y estar siempre al día con los impuestos y obligaciones”, destaca la experta.
La primera edición de “Tu empresa en USA", que se puede adquirir por Amazon, está publicada en español para emprendedores hispanoparlantes. “No se trata de un libro teórico. Es un manual de implementación. Está pensado para freelancers y consultores que quieren cobrar en dólares y profesionalizar su imagen a nivel internacional; dueños de e-commerce y dropshipping; nómadas digitales que necesitan una estructura liviana y eficiente, y emprendedores que buscan inversión o expansión global”, señala Romina Oviedo Pérez adelantando que próximamente la publicación estará en librerías físicas.
La viola, su instrumento
“Desde que salí del país no volví a tocar profesionalmente; tampoco en forma amateur. El instrumento quedó guardado en Argentina”, afirma con nostalgia admitiendo que “me gustaría volver a tocar, pero no en forma profesional, sino por placer”.
Romina estudió música en el Conservatorio Nacional mientras iba al secundario. “Por la tarde, cursaba piano y viola. De este último instrumento, me enamoré de entrada. Al punto que, me recibí a los 20 años”, puntualiza. Casi en forma inmediata, ingresó por concurso abierto y público a la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación “de la cual fue solista de viola por más de 12 años”.

Por su talento y capacidad de transmitir emociones, la violista fue integrante de la Orquesta Juvenil Académica del Teatro Colón (desde 1999 y hasta el 2000, posibilitando una gira musical europea por Londres y Alemania). Posteriormente, integró la Orquesta Estable del Teatro Colón (desde el 2008 y hasta el 2013), como contratada. Lo que le permitió hacer numerosas giras nacionales e internacionales y tocar con estrellas globales, como los tenores Plácido Domingo y José Carreras, y la pianista Martha Argerich, entre otros.
“Por mucho tiempo, la música fue mi trabajo principal”, subraya la migrante que no ha perdido el ritual del mate en la oficina.
Gracias a la música, pudo pagarse los estudios universitarios en la UADE, recibir becas nacionales (de la Fundación Antorchas) e internacionales (del gobierno italiano, que le posibilitó residir un año en la península, llegando a tocar para el Papa Benedicto XVI, en la “Sala Nervi” del Vaticano) y hasta comprarse un inmueble.