“Esto no es algo que quisimos, hoy nos tocó a nosotros, pero mañana le puede tocar a cualquiera”. Franco habla con pausa mientras sostiene a Naomi, su beba de cuatro meses, que lo mira con sus enormes ojos azules y sonríe. Es lunes y sobre la Avenida Corrientes al 1500, donde hay teatros, bares y turistas, están ellos: una familia que quedó en situación de calle al no poder renovar el alquiler de una habitación en la que vivían en el barrio de Congreso, a la vuelta de la Biblioteca Nacional.
Elizabeth tiene 28 años y mientras observa jugar a sus cinco hijos sobre una frazada al lado de un edificio frente al Teatro San Martín, dice que quiere darles una vida mejor. Segundos después llora, con la voz cortada, con la mirada perdida y con las lágrimas cayendo una a una sobre su rostro. “Antes de todo esto, nos dieron un tiempo para buscar. Empezamos a movernos, pero en ningún lugar nos aceptaban con chicos. Recorrimos todo y hace 14 días terminamos acá”.
Amalia tiene siete años, el pelo rubio rojizo y una sonrisa cautivadora y transparente. Al lado está Rolando, de ocho años, el mayor de los hermanos. También Luisana que tiene dos años y Agustín de cuatro. Los dos juegan con su hermana más pequeña y saludan con una mirada tímida a las personas que caminan por la vereda. “Las primeras noches mucha gente llamó al 108, tardaron tres días en venir. Estuvimos esperándolos en la boca del subte”. Esperaron tanto hasta que terminaron en el Teatro Ópera, donde pasaron la noche sobre frazadas, angustia y frío.

Foto: Facebook (Rocío Azcurra)
Elizabeth tenía 12 años cuando su mamá adoptiva falleció y terminó viviendo en distintos hogares. “Eli”, como la llaman, dice que no tiene abuelos, que no tiene tíos, que no tiene a nadie que la pueda ayudar. Y dice también que no quiere que sus hijos estén “metidos en esto”. Que quiere trabajar, que puede trabajar. Que no quiere que sus hijos el día de mañana digan “por mamá estuvimos en la calle”. Sueña con un futuro en que sus hijos puedan salir adelante, “ser algo y alguien”. “Pienso que el día de mañana me van a odiar. Quiero que esto sea solo un mal recuerdo. Un recuerdo pasajero y nada más”.
Días atrás Ángela Puga, que no pertenece a ninguna organización, se enteró por un amigo que fue al teatro que la familia estaba en situación de calle y sin pensarlo dos veces empezó una campaña solidaria en redes sociales. Así, gracias a la ayuda de todos, consiguieron una vivienda para alquilar en José León Suárez. Estos días –cuentan– hubo muchas manos solidarias: entre ellas Ernestina Pais, quien protagoniza la obra “El show de la Menopausia”, que se acercó con frazadas, ropa y comida. “Mirá quién nos pagó la comida”, dice Franco y segundos después muestra en su celular la foto de la conductora.
Franco recibe una pensión por discapacidad por un trasplante de médula ósea al que se sometió cuando era chico. Pero no alcanza. Por eso necesita y quiere trabajar. “Sabe carpintería, electricidad, sabe de muchas cosas, lucha y sigue adelante”, dice Elizabeth, que se imagina en un futuro no tan lejano con sus hijos yendo de nuevo a la escuela, con una vida normal, como la de cualquiera. Porque nadie quiere vivir en la calle, porque nadie lo elige. Porque a veces la vida da giros inciertos, inesperados y les toca a unos, como les tocó a ellos. Pero mañana, como dice Franco, le puede tocar a cualquiera.
¿CÓMO AYUDAR?
NECESITAN DE TODO PARA EMPEZAR DE NUEVO: frazadas, elementos de cocina, muebles, ropa, alimentos, pañales, productos de limpieza e higiene personal. Teléfono de contacto: 1161378893.
Por Florencia Gagliardi | @mfgagliardi
Foto: Gentileza Crónica.