Durante casi diez años, Griselda B.M. sufrió en silencio los abusos sexuales que su propio padre cometió en la provincia de Misiones. A los 36 años, después de haber intentado denunciar en tres oportunidades y de mantener ese silencio por mucho tiempo, decidió formalizar su denuncia judicial en 2023. Sin embargo, la noticia de que la causa fue declarada prescripta la llevó a hacer pública su historia mediante una carta abierta, en la que cuestionó duramente la decisión de la Justicia y compartió las heridas que le quedaron desde su infancia.
La Justicia confirmó que, por los plazos establecidos en la ley, la acción penal no podrá seguir adelante. La denuncia, que fue presentada el 12 de febrero en la Comisaría de la Mujer de Montecarlo, fue remitida al Juzgado de Instrucción Nº 1, Secretaría Nº 2, de la IV Circunscripción Judicial con sede en Puerto Rico. En los papeles consta que Juan M. es el acusado por delitos contra la integridad sexual. A pesar de la evidencia y las constancias policiales, tras meses de espera, la víctima recibió la notificación de que el expediente quedó archivado por prescripción.
En su carta y en una entrevista con la local FM Show, Griselda relató que los abusos comenzaron cuando ella tenía apenas ocho años y se extendieron hasta su mayoría de edad. Como consecuencia de esas agresiones, tuvo un hijo que hoy tiene 19 años y que actualmente recibe atención psicológica. La joven confirmó que su hijo ya sabe toda la verdad sobre su origen.
La denuncia fue radicada en febrero en la Comisaría de la Mujer de Montecarlo y enviada al juzgado correspondiente en Puerto Rico. La documentación presentada incluye informes policiales y la causa por “Delito contra la Integridad Sexual”. Sin embargo, la espera fue larga y, finalmente, le notificaron que la causa quedó archivada por la prescripción del delito.
En su carta, Griselda expresó con dolor: “Hoy me veo en la obligación de hacer pública mi profunda indignación, tristeza y repudio ante la resolución judicial que declaró prescripta la causa por abuso sexual que sufrí en mi infancia”. Y agregó: “No hablo solo de un expediente. Hablo de años de dolor, de silencio, de miedo y de heridas que marcaron mi vida para siempre. Todo esto por un abuso cometido por quien debía cuidarme y protegerme: mi propio padre”.
A pesar de aceptar que la justicia reconoce que los hechos ocurrieron, la joven cuestionó que el paso del tiempo impida avanzar con la denuncia penal. “La prescripción puede cerrar un expediente, pero no borrará la verdad, ni la memoria, ni el daño que me hicieron. Y tampoco borrará mi voz”, afirmó con determinación. En la entrevista, contó que en tres ocasiones anteriores intentó denunciar, pero encontró resistencia en su familia. La carta termina con una frase que refleja su valentía: “Mi voz no prescribe”.
“Hasta hoy, no tengo contacto con ellos por ese tema”, confesó. También recordó que en la secundaria, cuando quedó embarazada, sus familiares quisieron que abortara, pero ella siguió adelante con el embarazo, con todo.
Griselda no mantiene vínculo con su padre y hay una restricción de acercamiento. Aseguró que nunca fue citada para realizar estudios genéticos ni recibió notificaciones judiciales relacionadas con su denuncia.
Finalmente, expresó que su intención al hacer público su caso es alentar a otras víctimas a dar el paso y exigir una revisión de la situación judicial en estos delitos. “No quiero que esto vuelva a pasar y quiero que las víctimas se animen a hablar, a denunciar y que la Justicia revea estos casos”, concluyó. Mientras evalúa qué pasos seguir, dejó en claro que seguirá luchando para que su historia y la de tantas otras personas que sobrevivieron al abuso en la infancia sean escuchadas: “Hoy levanto la voz por mí, por mi hijo y por todos los que atravesaron por lo mismo”.