Le detectaron un tumor maligno y ante cada diagnóstico malo aseguraba: "Voy a recuperarme"

Tomás Marzinelli recibió un diagnostico en el que le informaron que tenía un tumor maligno del tamaño de un embarazo de cinco meses.


24 feb, 2018 15:54
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Actualidad: Le detectaron un tumor maligno y ante cada diagnóstico malo aseguraba: "Voy a recuperarme"

La de Tomás Marzinelli es una historia cargada de superación y optimismo. El joven jugador de rugby recibió un diagnostico en el que le informaron que tenía un tumor maligno del tamaño de un embarazo de cinco meses. Ante cada diagnóstico malo que recibía, el repetía convencido: “Voy a recuperarme”.

Todo comenzó con una molestia que durante varios meses tuvo el glúteo derecho y la pierna del mismo lado. Había dejado de a poco de jugar al rugby en primera, entrenaba solo una vez por semana y hacia boxeo.

"Tenía cierta inquietud porque era demasiado particular el dolor. Era como si me quemaran con una plancha de adentro para afuera, algo difícil de explicar. Pensaba de todas maneras que era una hernia de disco o algo por el estilo y me la aguantaba. Me acuerdo de estar en la moto y pedía por favor que el semáforo se pusiera en rojo para poder frenar y pararme porque sentado era una molestia insoportable a veces. Hasta llegué a pensar algunas veces que la moto recalentaba y me quemaba", contó el joven.

Además, tenía problemas para orinar y defecar, incluso le pasaba de despertarse y descubrir que se había hecho encima. Fue entonces cuando le hicieron hacerse una resonancia de espalda.

Era un lunes de abril de 2015 y él estaba trabajando cuando su amigo Fernando, que era residente del Hospital Italiano en el que se había hecho el estudio, le escribió por Whatsapp: "Vi la resonancia, acercate al hospital así hablamos”.

Su amigo le contó que se trataba de un tumor y enseguida visitaron a un especialista, el Doctor Miguel Ayerza. "Me hizo caminar, moverme, puntas de pie, hacer sentadilla y me indicó una punción en el tumor para ver la histología", explicó Marzinelli a La Nación.

Los resultados del análisis determinaron que se trataba de un tumor maligno, un condrosarcoma en el sacro (S2 a S5), que había que tratar cuando antes.

"Bajé la cabeza, sentí la mano de mi madre apoyándome la espalda. Pensé: cáncer, ¿cómo puede ser? Y me dije: si no te mató hasta ahora, no te va a matar. Todo eso en fracciones de segundos. Lo único que pregunté fue: ¿voy a poder caminar? Es decir, en mi cabeza yo ya había salido sano y salvo de la cirugía", contó.

Visitó a varios medios y los panoramas que le daban eran desalentadores: podía quedar con un ano contra natura, tener que estar con sonda de por vida, no poder mover el pie derecho y hasta no le podían asegurar que pudiese caminar.

Pero el rugbier, lejos de desanimarse, se cargaba de optimismo. "Salía de cada visita y le decía a mi vieja: voy a recuperar todo”, confesó.

Finalmente, se sometió a la cirugía. “La cirugía fue un éxito, Tomi. Sacamos todo el tumor. Te dije que iba a intentar salvar el pie derecho y no pudimos”, le dijo su médico. Pero el joven podía mover el pie. Nadie podía creerlo: le habían sacado los nervios pero aún así tenía movilidad. "En ese momento pensé: vas a lograr todo lo que te propongas recuperar", recordó.

Después le realizaron una segunda cirugía a los cinco días para colocarle la estructura que soportara su espalda. Dos semanas después fue derivado a terapia intermedia y después finalmente se instaló en la casa de su mamá, en donde de a poco empezó a caminar.

Su familia y su perro Apolo fueron los pilares en su rehabilitación. "Apolo se quedaba todas las noches durmiendo conmigo. Me despertaba y el tipo estaba ahí mirándome. Cuando empecé a pararme y caminar mis primeros pasos me seguía a todos lados con una tranquilidad absoluta, nada que ver con su forma de ser habitual. Había cambiado su comportamiento para acoplarse a mi ritmo, me pareció genial y una muestra de apoyo incondicional”, contó.

Y agregó: “Cuando mejoré y empecé a caminar bien, al cabo de un año de recuperación, ya volvió a tirar la soga como un chiflado y a ser el mismo de antes. Quizás a muchos no les cambie pero a mí me pareció una muestra de afecto inigualable".

"La vida es difícil y cada cual carga sus problemas o sus cimas, como dice Roberto Canesa. El tránsito es duro. Para mí haber tenido que pelear y entregarme a la muerte en la cirugía y hacer todo lo que hago para volver a ser casi el mismo es difícil y, para otros, como Pepe Mayer la vida es una cima inalcanzable pero sigue subiendo día a día mientras nosotros miramos desde la base y nos parece más complicado. Mi recuperación es constante y todos los pasos fueron y son importantes, aunque ni yo me de cuenta", concluyó el joven.

Foto: La Nación