Una familia encontró a su perro muerto en el jardín de su casa, para luego descubrir que era producto del veneno de una víbora yarará, que había mordido a la mascota. El hecho fue denunciado luego y generó una alarma entre los vecinos de Luján de Cuyo, en Mendoza.
Según datos del ministerio de Salud mendocino, se reciben anualmente entre 10 y 15 casos por mordeduras ponzoñosas tanto en niños como en adultos. El 95% corresponde a estas víboras, conocidas como “yarará ñatá”.El médico veterinario del serpentario Centro Anaconda, Augusto Narcó, indica que estos animales tienen su hábitat natural en el monte, aunque el avance de la urbanización los ha acercado a la gente.
Sobre la posibilidad de que las personas puedan sufrir ataques de las víboras, el especialista aseveró que estas no lo hacen “salvo que las pisen o intenten tocarlas y se sientan amenazadas”. "Por lo general estos animales pueden ser vistos en primavera y otoño, donde los reptiles salen de su letargo invernal”, aseguró el médico, en diálogo con el diario El Sol.
Sergio Saracco, del Departamento de Toxicología, dijo que los síntomas clínicos de la mordida de estos animales son: “dolor y edema en la zona de mordida, que puede afectar más de un segmento anatómico del miembro alcanzado, acompañado o no de alteraciones hemorrágicas locales o sistémicas, con o sin alteración del tiempo de coagulación”. Además, aconsejó a las víctimas de ese veneno hidratarse, lavar la herida con agua y dirigirse a un hospital.
Las yararás miden entre 50 y 60 centímetros. Raramente son mortales si se aplica el suero antiveneno ofídico, el cual debe ser suministrado dentro de las 6 horas.