"Nadie me avisó que la maternidad era ésto": Relatos de mamás al borde de un ataque de nervios

Para la mayoría de las mujeres cuyo deseo es traer un hijo al mundo, un universo desconocido se presenta después que pasan el parto. Surgen sentimientos que son opuestos a la felicidad y todo aquello que se había "soñado", en algunos casos, se convierte en pesadilla. Hablamos con madres que se animaron a contar su "otro lado" de la maternidad. Aquello que muchas veces se silencia por vergüenza, por culpa o simplemente porque no resulta "natural".


09 may, 2018 20:19
"Nadie me avisó que la maternidad era ésto": Relatos de mamás al borde de un ataque de nervios | Actualidad
Actualidad: "Nadie me avisó que la maternidad era ésto": Relatos de mamás al borde de un ataque de nervios

Por Gabriela Cei @holagachu

Sobre la gestación, el parto, la lactancia, el sueño del bebé, los primeros pasos, hay mucha información. Podríamos arriesgarnos a decir que todo está escrito. Si a eso se le suman los relatos de madres, abuelas, hermanas, amigas y compañeras, la maternidad es un terreno sin misterios, hasta para las mujeres que aún no tienen hijos.

Sin embargo, la mayoría de las mujeres jamás se animan a hablar abiertamente sobre todo eso que nadie les dijo sobre lo que implica "ser mamá" y que, paradójicamente, es la base de una nueva forma de vida: convertirse en el lazo 24 x 7 de una criatura indefensa que nada sabe de nuestro mundo privado, menos de la raza humana.

La llegada de un bebé al hogar modifica todo. Para bien y para mal. Y eso trae consecuencias en las mujeres y en sus parejas.

Los médicos llaman al estrés de las madres agotadas "Síndrome de burnout" que es igual que al que experimentan profesionales sometidos a grandes presiones como los cirujanos, las enfermeras, policías, telemarketers, abogados y maestras. Se trata de una serie de síntomas que las mamás experimentan y que nadie les había anticipado que eran posibles: fatiga crónica, dolores de cabeza, insomnio y dificultades gastrointestinales. También se acompaña con algunos síntomas emocionales, como la ansiedad, depresión, irritabilidad y distanciamiento afectivo.

Todo ese conjunto explosivo lleva a que cada vez más, las mujeres planteen lo que les sucede con respecto a la maternidad, sin que eso implique que no lo volverían a intentar.

Hablamos con algunas madres que no dudaron en contarnos qué cosas cambiaron a partir de la llegada de sus bebés. Y las coincidencias, en algunos casos, fueron sorprendentes:

Mariela, mamá de un varón de 7 años

"No dormir/ dormir poco/ levantarse temprano. Una como madre adapta su sueño al del niño, sobre todo cuando todavía toman la teta. Despertarse cada tres horas puede ser difícil. Pero creo que en mi caso era peor levantarme temprano que dormir cortado. Mi hijo se levantó siempre temprano. 6.00 am ya podía arrancar su día.

Si bien embarazada se puede hacer ejercicio físico, no podés, por ejemplo, jugar al fútbol. Después amamantar puede llegar a ser doloroso, por lo menos al principio. También las secuelas del parto (sea natural o por cesárea) se hacen sentir por un tiempo, la episiotomía es fatal. Digamos que entre embarazo, posparto y amamantamiento tenés como dos años hasta volver a la “normalidad”.

Virginia, mamá de una nena de 12 y un varón de 8 años

"Nadie me dijo el nivel de dependencia que iba a tener, no poder comer ni ir al baño tranquila, ducharte, ni hablar de depilarte, como los bebés, por más que se quiera, - y por suerte- no tienen horarios para dormir ni para mamar, esa imposibilidad de poder aunque sea cumplir con las necesidades básicas, era matador. Recuerdo estar bañándome con la puerta entreabierta y hacer malabares para poder ver el moisés, o comer parada con la beba a upa.

Moverse por la ciudad, la agresión de los taxistas que no te paran cuando te ven con un cochecito, subir y bajar del subte. Porque salís con la mochilita pero si tenes que estar un rato afuera necesitas poder apoyarlo. La ciudad se vuelve un monstruo horrible.

Nadie me advirtió que la gente se autorizaría tanto a juzgarte. Personas comunes y profesionales. Siempre parece que lo que hacés no es suficiente. tampoco me imaginé que había que poner limite a esas demandas, de tus hijos y de los otros.

- ¿Cómo que va 7 horas al jardín?, esa nena sale de trabajar entonces, decía la abuela, que no contraponía ocuparse ella".

María Laura, mamá de un varón de 13 años

"Las tres cosas mas o menos estandarizadas que me modificaron la existencia (las dos últimas) y me pusieron al borde de un ataque de nervios (la primera): La sensación de caca entre las uñas cuando lo cambias, raspar, juntar, limpiar con la mano cualquier tipo de cosa que expide la criatura, y la certeza de haberle perdido el asco a todo.

El hecho de haberte cruzado genéticamente con otra persona y de eso sale otra persona más... me shockea pensarlo a nivel vincular.

Pensar que ya no pienso solo por mí, si tengo frío en paralelo sé que hay alguien a quien tengo que abrigar."

Mariana, mamá de mellizos varones de 4 años

"Si bien traté de tomar todo lo nuevo con bastante naturalidad y calma, creo que no tomaba conciencia de que antes... Disponía de MI TIEMPO y era independiente. No es que ahora no tenga espacio para mí, sino que ahora ya no es solo mío el tiempo, es de los tres. Ahora tengo que compartirlo. Y eso engloba un poco todo, sin tiempo para uno, hay una lista de actividades y acciones que ya no están disponibles o están en menor medida. Al menos por ahora.

El amor muta también dentro de la pareja. Que ahora se transformó en una familia. Hermosa, sí, no hay dudas. Pero ¿acaso el otro piensa que tengo tiempo para él? Está loco. Las prioridades cambiaron y están a la vista. Y para cerrar, el tema de la rutina. Extraño la no rutina, el no tener horarios. Ahora hay un cronograma diario para el baño, la comida, la siesta".

Vanesa, 2 hijos varones de 6 y 4 años

"Voy a buscar el lado dramático y cómico a la vez.. Mis cambios fueron principalmente el sueño y las cuestiones relacionadas con mi propia intimidad: Morir de ganas de ir al baño, llevarte al niño rodearte de juguetes mientras haces tus necesidades. Y que él te mire con una carita feliz como si todo oliera a rosas. Bañarme con la cortina corrida mientras cantaba "El elefante trompita" . Ponerle supositorios al chico y que haga todo encima de tu mano y vos súper feliz porque logró hacer caca.

Tardar más de lo necesario en el super y tus tetas chorreando (literalmente) como una vaca porque ya era hora de la toma de tu niño. Comer la papilla de mi hijo que sobraba para no cocinarme. Todas estas cosas las volvería a repetir ya que es maravilloso ser madre. Como estás tan abocada al pibe, en un momento de tu vida se te ocurre mirarte al espejo y te das cuenta que tenés más pelos que el mono de la "guerra de las galaxias". Entonces, te das cuenta que no solo sos una teta caminando, te decidís "por tu dignidad de mujer" a depilarte".

Alejandra, 2 hijos, un varón de 19 años y una nena recién nacida

"A mí particularmente me modificó todo. Teniendo en cuenta que fui madre soltera, me quedé sola con un bebé a los 19 años, cuando estaba empezando a estudiar en la facultad y a tener mi proyecto de vida, que nada tenía que ver con lo que finalmente hice. Tuve que empezar a trabajar, sin tener la posibilidad de seguir estudiando. Me hice cargo de un bebé, al que amé y amo con todo mi corazón, pero de vez en cuando también tenía ganas de salir a bailar como todas las demás.

Si pienso en las horas de sueño, casi un año y medio sin dormir 8 horas seguidas. De ir al baño, sólo son el bebé a upa o en cochecito, o en su defecto cuando estaba mi abuela o mi mamá, con las cuales yo vivía. Ya más de grande, seguís sin dormir: cuando empiezan a salir también te preocupa eso. Y bueno, ahora con mi hija recién nacida, a empezar todo otra vez, con la ventaja de saber cómo son las cosas, pero con más conciencia de las consecuencias. Veinte años después ya es todo diferente para mí".

Laura, mamá de 3 varones de 6, 4 y 2 años

"¿Qué es lo que más extraño de mi vida pre-mamá? Las vacaciones. Sí, ahora también me tomo una semana o 15 días al año y nos vamos a la playa o a las montañas. Pero…vacaciones como sinónimo de descanso ya no existen más para mí. Lo que más extraño es eso: tirarme en la arena boca arriba con libro y caipirinha en mano. Hoy, en cambio, hago castillitos de arena y paso horas llenando de protector solar a esos cuerpitos. Caminar por la orilla del mar….uff…imposible hoy para mí. Mis nuevas vacaciones son agotadoras, desgastantes, intensas.

También hay otras cosas que desaparecieron por completo de mi vida: la panza chata, las siestas domingueras, mirar la tele antes de las 23 hs, dormir una noche de corrido, hablar por teléfono con alguna amiga, tener la casa ordenada, cenar en un restaurante sin pelotero, bañarme o ir al baño tranquila, tener sexo por la mañana.

Lo que más me sorprende de todo esto es como descendí en mi lista de prioridades. Sin darme cuenta y -lo peor- a veces ¡con gusto! fui supeditando casi todos mis deseos a los de mis tres hijos. Hay días que tengo ganas de tomarme un micro o un avión que me lleve bien lejos. Pero nunca lo hago. Siempre vuelvo".

Inés, 4 hijos que pasan los 20 años cada uno

"Postergarme al 100%. Los 3 primeros años el hijo es parte de una. Después, si te necesita, tenés que estar ahí. Y si no estás, la culpa te taladra. Ácidamente, digo que la culpa es la base de la maternidad.

El agotamiento físico durante el primer año del bebé.

Perder los estudios. Me cambié de facultad pero no resultó. Recién cuando el menor empezó el jardín, tuve espacio mental y tiempo de noche para cursar la carrera y recibirme".

Ximena, mamá de un varón de 4 años

"¿Por qué todos se sienten con derecho a hablar de mis tetas? Desde el día que nace la criatura, te atacan. Primero, las puericultoras: que hacete así (sólo voy a decir dos palabras para explicar el gesto: naranja y exprimidor. Y, de verdad, creo que es mejor no trata de graficar nada más), que ponete frío, que te va a doler, que pasa, que sólo es muy molesto hasta que baja la leche, que cualquier cosa nos llamás. Y, sí, todo pasa. Pero, mientras tanto, duele. Mucho. Y vos que no aguantás que nada de roce: ni el camisolín de la clínica, ni los camisones que llevaste, ni la remera con la que te agarró el trabajo de parto y, mucho menos, un corpiño. Con lo cual estás ahí, tirada en la cama, medio en pelotas, agotadísima, dolorida y con un desconcierto que pocas veces –si es que alguna- sentiste en tu vida.

Dar la teta, a pesar de lo que nos suelen intentar vender, al principio no es fácil. A los dolores, se suma una incomodidad que no sabés cómo solucionar. El bebé te pesa horrores (y eso que, por lo general, todavía no supera los 4 kilos), no sabés cómo acomodarte para que no te duela nada o, al menos, no te duelan cinco cosas al mismo tiempo, te da vergüenza que te vean en bolas y te incomoda que estén presentes cuando intentás, por todos los medios, que tu hijo coma".

Mujeres hermanadas

Más allá de las palabras de estas mamás, lo que las une es una cuestión de pérdidas y ganancias. Pasar de lo individual a la pluralidad sin escalas. De la sala de parto a la cotidianidad, las mujeres experimentan en cuerpo, mente y alma, que todo cambió. En algunos países europeos hace varios años que existen clínicas especializadas en el tratamiento psicológico de mamás que no logran encajar en este nuevo rol, se animan a decirlo y deciden pedir ayuda a profesionales.

El 49% no recibe tratamiento

Según las estimaciones de organizaciones a nivel mundial, pese al impacto que tienen las patologías mentales en las embarazadas, puérperas y el bebé, 49% no recibe tratamiento.

Justamente esto es lo que las lleva a plantear la necesidad de visibilizar el tema para favorecer la detección, propiciar el tratamiento adecuado y generar políticas y recursos para facilitarlo.

“Cuidar la salud mental de las madres supone mejorar la salud de la sociedad actual y futura”, destaca la Sociedad Marcé Española de Salud Mental Perinatal (Mares).

Ésta, junto con organizaciones de Alemania, Austria, Australia, Argentina, Canadá, Estados Unidos, Francia, Malta, Nueva Zelanda, Nigeria, Sudáfrica, Reino Unido, Sudáfrica y Turquía, iniciaron en 2016 una campaña para que se declare el Día Mundial de la Salud Mental Materna el primer miércoles de mayo.

Aunque suene increíble, en nuestro país no existen cifras oficiales de mujeres que sufran depresión post parto y los equipos multidisciplinarios que logran trabajar con las que se animan a pedir ayuda, funcionan sólo en algunos hospitales.

Queda mucho camino por recorrer y muchos derechos para respetar. Pero lo que sí no entra en duda es que para la inmensa mayoría de las madres, a pesar de todo eso que tanto trastorno les causa, sigue siendo una experiencia de la que no sólo no se arrepienten sino que volverían a repetir.

Eso sí, hay que tratar de derribar cuanto antes el mito de las mujeres-súper mamás que todo lo pueden. Y para las parejas, saber que el acompañamiento es algo activo y fundamental.