Lulú Rodríguez, una paseadora de perros de Río Cuarto, acercó a Gustavo Beguet a a su familia, quien le dio acceso a una propiedad aislada en medio de las sierras donde proyectaba un emprendimiento con caballos.
Pero Beguet tuvo un ataque psicótico y en esa casa de la Quebrada del Rayo, a 35 kilómetros de Río de los Sauces, en la sierra alta de Comechingones, secuestró, violó y torturó a la madre de Lulú, una mujer de 76 años, desde el 28 de febrero al 4 de marzo de 2016, cuando logró ser rescatada con vida por su esposo.
El hombre terminó preso, imputado por abuso sexual con acceso carnal. Pero estuvo sólo una semana preso en un neuropsiquiátrico. De allí, pasó a una clínica privada por unos meses.
“Si bien surge acreditada la existencia material de los hechos, al igual que la participación de Gustavo Beguet en los mismos, no ocurre lo mismo en relación a su responsabilidad penal”, dice el fallo de la jueza Sonia Pippi que sobreseyó a Beguet por inimputable, el 5 de mayo de 2016.
"El hecho no lo niego, pero fue en circunstancias de problemas psiquiátricos, de drogas y de alcohol y bajo estas circunstancias terminé llegando a esta consecuencia que fue lamentable (...) me arrepiento de eso", sostubo Beguet ante un medio local.
A fines de 2017, Lulú se enteró de que Beguet había vuelto a la Facultad y que intentaba rendir su última materia para recibirse: Clínica de Animales Grandes 1. Y ahí empezaron los escraches y las marchas para impedirlo. “Es la materia en la que aprendés el manejo de drogas y que te permite comprarlas, drogas muy potentes, drogas como la ketamina”, dijo Lulú al diario Clarín.
El último 8 de marzo, el colectivo #NiUnaMenos le pidió a la Universidad que expulsara a Beguet. Pero no lo logró: técnicamente es inocente. La respuesta que recibieron es que una causa penal no es motivo para no tomarle el examen a un alumno. Le sugirieron a Lulú presentar una nota ante el Consejo Superior para que analizara el tema. Pero la Universidad insiste en que Beguet puede recibirse.