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Vacaciones de verano: menos exigencia, más presencia

Las vacaciones de verano suelen venir cargadas de expectativas: descanso, tiempo en familia, hijos felices, momentos memorables. Pero la realidad muchas veces es otra: rutinas desarmadas, trabajo que continúa, niños con más tiempo libre y adultos con menos energía.

 

Por Telefe Noticias

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Actualidad: Vacaciones de verano: menos exigencia, más presencia

La clave para un tiempo de vacaciones que conformen a todos no está en hacer más, sino en ajustar expectativas, ordenar acuerdos y habilitar nuevas formas de estar juntos.

“Vacaciones no es lo mismo que disponibilidad total. Tanto si te vas de vacaciones como si te quedás en la ciudad, es importante diferenciar estar de vacaciones de estar disponible todo el tiempo. Muchos adultos siguen trabajando —desde casa, fuera de ella o combinando cuidados— y eso no es un problema en sí”, explica la coach y consultora de familia Verónica Jaroslavsky.

Especializada en perinatalidad, fertilidad y familia, Jaroslavsky admite que el conflicto aparece cuando los hijos creen que mamá o papá deberían estar siempre disponibles y los adultos se cargan de culpa por no poder sostener esa presencia permanente.

“Anticipar y nombrar cómo va a ser el verano baja la frustración de todos: habrá momentos compartidos y otros no tanto, días más tranquilos y otros más caóticos, y eso también es parte de la experiencia”, explica Jaroslavsky.

Si te vas de vacaciones, no es necesario llenar la agenda. Viajar no implica aprovechar cada minuto. Muchas familias vuelven más cansadas de lo que se fueron porque intentan que todo valga la pena. El descanso también es no hacer nada juntos, permitir el aburrimiento y bajar la exigencia de felicidad constante.

“Si te quedás en la ciudad, no es un plan B. Es una realidad frecuente y válida. El desafío no es inventar grandes planes, sino darle ritmo al tiempo: encontrar momentos compartidos, sostener cierta previsibilidad y habilitar espacios de autonomía según la edad de los hijos”, agrega la especilista.

Trabajar y cuidar al mismo tiempo es una de las experiencias más desafiantes del verano. “Aquí no se trata de hacerlo perfecto, sino de ordenar límites amorosos: espacios claros de trabajo, tiempos acotados pero reales de presencia y acuerdos simples que puedan sostenerse en el día a día”, afirma Jaroslavsky.

Remordimiento de verano

La culpa parental suele aumentar en vacaciones: debería jugar más, debería disfrutar, debería aprovechar. “Desde el coaching de familia, el trabajo es pasar del debería al ‘esto es lo que hoy puedo ofrecer’. Los hijos no necesitan adultos agotados intentando compensar, sino adultos coherentes, disponibles emocionalmente y con límites claros”, señala.
“No se trata de prometer ni de cumplir todo, sino de escucharse. Luego, como adultos, elegimos una sola cosa posible para sostener: un momento compartido a la semana, una comida sin pantallas, una salida simple o un rato de charla antes de dormir”.
A veces, un pequeño acuerdo claro vale más que muchos planes que no se sostienen. “Para cerrar, el verano no necesita ser perfecto para ser valioso. Cuando bajamos la exigencia, aparece el alivio. Cuando ordenamos expectativas, aparece el disfrute. Y cuando los adultos se permiten un verano posible, los hijos aprenden algo fundamental: que el cuidado incluye a todos los que conviven”, concluye la coach.