Quince pingüinos, trece de la especie magallánicos (Spheniscus magellanicus) y dos saltarines (Eudyptes chrysocome), volvieron al mar después de ser rehabilitados por la Fundación Mundo Marino. Los ejemplares habían sido hallados en distintas localidades del litoral bonaerense entre junio de 2025 y marzo de 2026.
En su gran mayoría presentaban cuadros de desnutrición y deshidratación. "Los cuadros son los que vemos habitualmente, pero con un nivel de compromiso mucho mayor. Muchos animales llegan en condiciones muy críticas, y eso reduce significativamente sus posibilidades de recuperación", señaló Sergio Rodríguez Heredia, biólogo y responsable del Centro de Rescate de la Fundación.
Algunos de los ejemplares llegaron con heridas compatibles con cortes de redes de pesca -rectos, profundos, como trazados por un hilo-, y uno mostraba lesiones irregulares distribuidas por todo el cuerpo, atribuibles a un ataque de perros.
Por otro lado, el caso más singular fue el de un pingüino saltarín adulto ingresado desde Pinamar que llegó empetrolado. El petróleo destruye la microestructura de las plumas que, en condiciones normales, actúan como una barrera impermeable al agua y al frío. Al impregnarse con hidrocarburos, esa barrera colapsa: el agua penetra hasta la piel, la temperatura corporal cae y el animal entra en hipotermia. Para revertir ese daño, el ejemplar debió atravesar un lavado especializado que permite remover el petróleo sin dañar aún más las plumas. Una vez limpio, el animal debe reordenar cada pluma con el pico - un comportamiento llamado acicalamiento- hasta recuperar la capa impermeable.
Por último, un grupo llegó con muda del plumaje incompleta, un cuadro también asociado a la falta de nutrición. La muda demanda una enorme cantidad de energía, cuando el animal no cuenta con las reservas necesarias, el proceso se interrumpe y el aislamiento térmico queda comprometido. El resultado es un círculo difícil de romper: sin plumaje completo no puede entrar al agua, y sin entrar al mar no puede alimentarse para recuperarse.
La mayoría de los ingresos correspondió a pingüinos en su primera migración trófica, el cuadro conocido como "síndrome del pingüino varado": bajo peso, deshidratación, anemia e hipotermia. Los pingüinos obtienen el agua a través del pescado que consumen, por lo que la desnutrición y la deshidratación se instalan y se retroalimentan. "Durante este primer trayecto los juveniles deben aprender a alimentarse solos y, por algún motivo, no están encontrando el alimento necesario para sobrevivir. Lamentablemente, es un patrón que observamos cada año", explicó Rodríguez Heredia. Los animales procedían de distintos puntos del litoral bonaerense, desde San Clemente del Tuyú hasta Mar Chiquita, con pasos intermedios en Pinamar, Valeria del Mar, Aguas Verdes, Mar del Tuyú, Costa Azul, Nueva Atlántis y Costa del Este.
Una vez ingresados al Centro de Rescate, los animales fueron estabilizados con fluidoterapia, iniciaron una dieta progresiva —primero pescado licuado con vitaminas y minerales, luego entero— y fueron monitoreados mediante análisis de sangre. A cada ejemplar se le colocó un microchip subcutáneo que permite reconstruir su historia clínica ante futuros avistamientos o reingresos, y contribuir a esfuerzos de conservación a largo plazo.
Los pingüinos magallánicos son una especie gregaria que vive y migra en colonias de decenas de miles de individuos, y depende del grupo para orientarse en el océano y reducir la vulnerabilidad frente a depredadores. Por eso, también se los reinserta en grupo. El momento tampoco es indiferente: abril coincide con el inicio del viaje migratorio. Luego de la temporada reproductiva en la Patagonia, los magallánicos comienzan a desplazarse hacia el norte siguiendo los cardúmenes de anchoíta. Reinsertar a los animales rehabilitados al mar en esta ventana maximiza las chances de que puedan integrarse a los grupos en movimiento y retomar la ruta en el momento justo.