La cámara encendida siguió grabando el vuelo del ave y su corrida entre los muros de las islas de las rías gallegas.
Finalmente, volvió a posarse sobre otro punto de la cima y dejó allí la cámara. El dueño la recuperó, vio las imágenes y decidió subirlo a las redes sociales. En pocos días superó el millón y medio de visualizaciones.