Al regreso de unas vacaciones, con sólo 17 años, el holandés Boyan Slat ideó un sistema para quitar del mar los plásticos por culpa de los que hoy existen cien especies marinas en peligro de extinción.
El plan de Slat aprovecha el movimiento natural del océano: una red fija flotante.
Su invento consiste en aprovechar las corrientes del océano en cinco puntos de la Tierra: al pasar la corriente marina por la red, esta retendría todo el plástico que flota en la superficie.
De esta manera, la vida marina y las corrientes no serían interrumpidas porque la profundidad de la red sería la mínima para recoger todo el plástico.
Según los estudios de su iniciativa, una sola red flotante de 100 kilómetros conseguiría retener 70.320.000 kilos de plástico en 10 años.
Slat, a través de su propia fundación, ofrece más de 10.000 dólares a quienes tengan un velero y estén dispuestos a navegar desde California a Hawaii para recoger datos sobre el plástico que alberga esa parte del océano.
El costo posterior para retirar las toneladas de plástico sería de 5 dólares por kilo; una cifra elevada, sí, pero en cualquier caso mucho menor al costo que supone tener los océanos sucios. Esto es: la potencial extinción de más de 100 especies marinas, 14.430 millones de dálares de pérdidas en pesca y turismo y la contaminación de especies marinas que consumimos los humanos y su consecuente riesgo para la salud.