Ron Gonen, ex comisario para Reciclaje y Sostenibilidad de Nueva York –conocido como el "zar del reciclaje"–, pretende lanzar el programa Sparky Power. Consiste en colocar contenedores especiales para excrementos de perro en los parques y plazas de la ciudad, que utilizarán la caca para procurar parte del alumbrado a los parques.
El excremento canino, como el de muchos animales, libera gas metano, un gas de efecto invernadero que puede ser transformado en energía. El estiércol de vacas y cerdos es una fuente de energía alternativa que se utiliza desde hace muchos años.
El programa piloto, que se extenderá durante un año, colocará contenedores para generación de energía limpia en tres parques de la ciudad, con un coste aproximado de 100.000 dólares.
Proyectos frustrados
No es la primera vez que se busca reutilizar el excremento canino en el contexto urbano. En 2010, el proyecto The Park Spark utilizó el mismo contexto para dar electricidad a una instalación de arte público de un parque de Cambridge, Massachusetts. La idea no se propagó en otras zonas ni en otras ciudades, como era el plan inicial. Tampoco sobrevivieron en el tiempo otros proyectos como un sistema subterráneo de recogida de excremento y su transformación de energía ideado por la Universidad Estatal de Arizona para un parque de la localidad de Gilbert, en ese mismo estado.
En Argentina
La Escuela de Educación Agrotécnica N°24 “General San Martín” obtiene biogás para calefaccionar con piso radiante un paridero de cerdos, a partir de los excrementos de los propios animales.