Son las dos atletas más carismáticas de los 467 que integran la delegación argentina. Con su épico triunfo ante Brasil en las semifinales del beach voley, protagonizaron el momento más emotivo de la participación global nacional. Georgina Klug y Ana Gallay dieron una vuelta olímpica en la arena para celebrar la victoria ante las verdeamarelhas, algo parecido al festejo del chino Liu Song en el tenis de mesa de Guadalajara 2011.
Tras el pase a la final, instintivamente se pusieron a saltar al grito de "¡Ohhh Argentina/es un sentimiento, no puedo parar!".
Les queda el último paso, el encuentro final ante Cuba, que comenzará a las 17 de nuestro país. No hay un favorito claro, en una disciplina con altísimo condimento psicológico en el punto a punto. El beach voley, enclavado dentro del Parque Panamericano, es una atracción en sí mismo, como un paraje playero rodeado de estructuras de hierro. "Las cubanas no tienen nada que perder y nosotras tampoco, porque vinimos a buscar una medalla de cualquier color. Pero queremos el oro", se acelera la entrerriana Gallay.
A la referencia más cercana hay que tomarla con pinzas: Cuba se impuso 15-13 en el último set en la ronda preliminar, pero las chicas argentinas se liberaron del acceso al podio y ahora quieren descargar su último arsenal de remates cruzados y recepciones milagrosas.
"Si jugamos bien, tranquilas, se les puede ganar. Es cierto que ellas son muy potentes, físicamente están arriba, pero nosotras tenemos un amor propio tremendo", agrega Gallay.
La santafesina Klug analiza: "Estamos luchando a nivel mundial para posicionarnos en los Juegos Olímpicos, que sería un logro. Son nuestros primeros Panamericanos, y con la medalla de plata asegurada ya concretamos un sueño".
La N°2 de la pareja recuerda la filosofía de esta modalidad que consume piernas rápido: "Acá, el que se rinde pierde, nunca está nada dicho. Sobre todo cuando los dos equipos están convencidos para ganar. No somos ni conscientes de la energía con la que vamos a jugar".