n un clásico muy intenso, típico de la Copa, el Barça supo reponerse a un inicio dubitativo para acabar dominando al Madrid, que solo tuvo buen juego en el primer cuarto de hora. El empate premió el buen inicio del equipo blanco, pero no dejó el todo satisfecho a un Barça que mereció más en el global del encuentro.
Sin Messi, que no fue titular, el Barça fue de menos a más durante el clásico, a excepción del tramo final del partido, en el que las fuerzas se igualaron, cuando ya ambos equipos parecían dispuestos a firmar una tregua hasta final de mes, cuando se jugará el partido de vuelta.
El Real Madrid empezó el partido especialmente enchufado: bien plantado en el campo, el conjunto de Solari supo ahogar la salida de balón del Barça, que arrancó desnortado, añorando a Messi y con las ideas muy confusas.
Más listo que Jordi Alba, el francés la bajó y se la regaló a Lucas Vázquez, que se anticipó a Lenglet para batir a Ter Stegen.
El gol resumiría lo que fue el primer cuarto de hora de partido: el Barça era un sonánmbulo, durmiente ante la energía del Madrid, que estuvo a punto de sentenciar en un contragolpe bien dirigido pero mal rematado por Vinicius, que vivió todo un bautismo en el Camp Nou.
El Barça supo leer el partido en el ecuador de la primera parte, momento en el que el partido comenzó a equilibrarse: apareció entonces la chispa de Malcom, punzante como extremo derecho. Irregular y caótico, el brasileño es imprevisible para bien y para mal, pero supo traer de cabeza a su compatriota Marcelo (que vive una temporada para olvidar) por el costado diestro. Le acompañó Semedo, que ha ganado en confianza y juega con una solvencia asombrosa.
Reculó el Madrid, que dejó a Benzema como único argumento ofensivo: Carvajal y Lucas Vázquez mantuvieron bien atados a Alba y a Coutinho, así que la acción se trasladó a la banda derecha, con Malcom como protagonista: el brasileño la pidió al espacio y llegó a tener incluso un mano a mano con Keylor Navas, anulado por fuera de juego. El VAR hubiera podido revisar la jugada, pero el delantero del Barça ni siquiera embocó a gol.
Un remate de cabeza de Rakitic a la media hora de partido retrató el cambio de gobierno en el partido. Se lo empezó a creer el Barça a medida que Busquets y Arthur ganaban presencia en el centro del campo. Incomprensiblemente, el Madrid dio un paso atrás.
En la reanudación, el Barça retomó el guion con el que terminó el primer acto: el Barça ocupó el campo del Madrid, pero al equipo de Valverde le faltó profundidad y acierto en el último pase. Más que piernas, el Barça echó de menos la inspiración futbolística que representa mejor que nadie Messi, sentado en el banquillo y reclamado por la grada en cuanto arrancó la segunda mitad.
En cuanto salió el argentino a calentar, se encendió el Camp Nou y se reactivó el Barça: tanto, que logró igualar el marcador en un contragolpe que tuvo tres actos: primero Alba, que estuvo a punto de superar a Navas, luego Suárez, que estrelló su remate en el palo y finalmente, Malcom, que recogió el rechace para firmar el empate.