“La Casaca de Dios”, con guión de Marcos Carnevale, Javier de Nevares y Fernando Vázquez Mazzin y dirigida por Fernán Mirás, se construye sobre un delicado equilibrio entre realidad y ficción: por un lado, toma como punto de partida la mítica camiseta azul utilizada por Diego Maradona en el partido Argentina-Inglaterra del Mundial de México 1986, cuya trayectoria reciente la llevó a ser subastada por la casa Sotheby’s en Londres por una cifra superior a los nueve millones de dólares, convirtiéndose en el objeto deportivo más caro jamás vendido.
“Mientras este hecho verídico funciona como anclaje, la adaptación cinematográfica de Mirás respira autenticidad”, señala Maximiliano Curcio en Kranear, una revista político-cultural que produce contenidos ligados a nuestras grandes pasiones y dilemas históricos.
A partir de ese acontecimiento real, el film se permite imaginar: allí emerge la dimensión ficcional, encarnada en Tití Malvestiti, personaje interpretado por Jorge Marrale, un utilero que, tras haber sido testigo del intercambio de aquella camiseta en 1986, queda atravesado por una obsesión persistente: recuperarla. “En esa búsqueda —atravesada por el dolor y la pérdida— se embarca en un viaje junto a su hija, interpretada por Natalia Oreiro, trazando así un puente entre la memoria colectiva y las deudas personales”, apunta Curcio.
En un sencillo club de barrio múltiples tramas confluyen en una mirada sensible y poética, no exenta de humor y caracterizada por un sutil componente onírico que le otorga la dimensión en la que se encuentra su protagonista.
“El motor dramático se articula con claridad: una asignatura pendiente, treinta y seis años después del Mundial del 86, cobra forma de último deseo y empuja a los personajes a enfrentarse con lo que fueron y lo que aún deben ser. Sacando provecho del cruce explorado entre recuerdo y mito, el largometraje también se erige como homenaje a los héroes de la guerra de Malvinas, tendiendo un puente sensible entre distintas formas de épica nacional”, relaciona Curcio.
Desde lo temático, con mirada panorámica, el film aborda el paso del tiempo, el deterioro de la salud y la vejez, sin perder nunca de vista la búsqueda central.
Pequeños y grandes gestos heroicos son los que marcan el desarrollo, alejándose de la grandilocuencia para abrazar lo cotidiano. “El gol es de mitad de cancha, la hazaña, monumental, y el mensaje, conmovedor: elegir creer en nosotros, incluso cuando las certezas tambalean”, concluye el crítico de Kranear.