La pieza, que toma como escenario principal la Argentina en abril de 1982, se centra en una noche de secretos y traiciones entre cuatro jóvenes, y su estallido otra noche, diez años después.
La trama se desarrolla en una casa de las afueras de Buenos Aires durante dos madrugadas de tormenta. En abril de 1982, tres jóvenes de veinte años —Eloísa, Gabriel y Sergio— regresan de un festejo mientras el país entra en conflicto bélico. Diez años después, en 1992, la tormenta estalla para Eloísa cuando recibe a su amiga Julia tras una década de no hablarse. En la obra, ambas noches avanzan en simultáneo, como en un thriller en el que los relámpagos de una noche caen sobre otra, diez años después.
La obra interpretada por Yanina Gruden, Martina Zalazar, Federico Pezet, Tom CL y Rosa Rivoira explora la atmósfera silenciosa de la guerra de Malvinas en situaciones y personajes en principio ajenos al conflicto bélico.
Mora Monteleone declara: “Argentina no tuvo posguerra. La Guerra de Malvinas protagonizó la vida nacional durante tres meses, los programas de televisión se llenaron de discursos promotores y triunfalistas. Y el 18 de junio de 1982, cuando miles de chicos de diecinueve años volvían como prisioneros en el buque inglés y otros yacían anónimamente sepultados en las islas, esos mismos programas hablaron sobre la selección de fútbol y la lotería. Y así los días que siguieron.”
“La mayoría de las obras argentinas sobre la guerra son sobre la guerra en sí, el escenario son las islas, los personajes son soldados. No hay guerra fuera de ese lugar y de ese tiempo. Como si fuera algo que solo le sucedió a ese grupo de chicos. Algo a lo que el resto de los argentinos se asoma, en todo caso, desde afuera, sin sentirse involucrado. Esa relación de ajenidad me convocó. En esa sensación de que la guerra no es parte de nosotros encontré una metáfora y una potencia dramática que me interesaron”, concluye Monteleone.
La puesta propone un espacio laberíntico donde la intimidad del hogar se ve amenazada por un exterior perturbador. La escenografía de Micaela Sleigh y la iluminación de Matías Sendón son piezas claves para sostener el suspenso, trabajando constantemente sobre la tensión entre lo que se expone y lo que permanece oculto en el pasado de los personajes.
Entradas por Alternativa Teatral o en boletería del teatro.