La noche anterior al estreno de un montaje de "La gaviota", un grupo de actores sueña el mismo sueño. Una pesadilla en común, como la que otrora tuvieron, en una noche de hielo en San Petersburgo, los actores que protagonizaron su escandalosa primera representación en el Teatro Alexandriski.
En 1895, Antón Chéjov escribe en su cuaderno de notas: “La pieza: No hay que pintar la vida tal como es ni tal como tiene que ser, sino tal como la vemos en nuestros sueños”. Esa pieza era “La gaviota”, y esas palabras —que luego terminarían en boca de Kostia— son fundantes de un núcleo de la obra que parece haber quedado olvidado: su carácter simbolista. La recepción que “La gaviota” tuvo en su primer estreno en 1896 abucheos, risa, incomprensión, algo no muy diferente a lo que Kostia recibe dentro de la ficción por su obra, aquella pieza simbolista representada por Nina frente al lago, a la que se califica de “delirio decadente”.
Autor y personaje sufrieron el mismo destino: lidiar con la resistencia a las formas nuevas. “La gaviota” supo ser una obra inclasificable para la que no existían categorías claras de actuación ni de teatro. Una pieza construida a partir de la tensión de dos formas de representación en puja por el futuro; Chéjov prefigura ambos caminos, construyendo un teatro que oscila entre el realismo y el simbolismo, que fricciona dos maneras de leer, de actuar.
Esa indefinición, hoy, 130 años después de su estreno, sigue abismando a los actores que la interpretan. “Como una máquina del tiempo, nos proponemos volver a ese punto de quiebre donde la actuación cambió para siempre para ver qué más había ahí; conectarnos con esos actores que, a final del siglo XIX, en Rusia, intentaban —como nosotros hoy— entender qué había que actuar. Hacen falta formas nuevas, dice Kostia: imaginamos entonces su gaviota; un ensueño simbolista y alucinado, donde por fin dar rienda suelta a nuestras pesadillas”, asegura Valentino Grizzutti, autor y director de “Chayka”, que formó parte del evento “Ciclo Reuniones Arthaus”.
Esta obra es una coproducción de Compañía Labrusca y Arthaus Central.
Actúan Juan Cottet, Miranda DI Lorenzo, Patricio Penna y Violeta Postolski.
Funciones: Martes a las 21
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