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Espectáculos

Portada  |  05 octubre 2021

Se estrenó la obra póstuma de Claudio Gatell

Durante los ensayos de "Aktrissa Chayka", el director Claudio Gatell tuvo complicaciones de salud. Sus últimas decisiones de puesta en escena las tomó junto a la actriz Natalia Arteman en los jardines del hospital. Gatell fue despedido con una emotiva carta al finalizar el estreno el sábado y tendrá un homenaje en francés a fin de mes en París, cuando su amiga fotógrafa Nina Smidek exponga un retrato que él ideó en “Hanamachi, casi un policial japonés” hace siete años.

Inspirado en el clásico "La Gaviota" del escritor Anton Chéjov, el nuevo unipersonal "Aktrissa Chayka" (Actriz gaviota, en ruso), de la dramaturga y actriz Natalia Arteman, y dirigida por Claudio Gatell hasta sus últimos días, se estrenó el sábado pasado en la sala El Taller del Ángel, en el barrio porteño de Palermo, donde habrá otras dos funciones el 9 y el 16 de octubre.

La obra nos enfrenta a múltiples paradigmas: el deseo, la soledad, el amor, el desamor y los conflictos humanos sobre la identidad.

Natalia Arteman, protagonista y autora de la obra, “muestra aquí su convivencia con la actuación, la fragmentación de quién es y no. Como una matrioska (muñeca rusa) develamos un personaje tras otro hasta llegar a la actriz misma que también se torna irreal -fantástica- sumergiéndose en la oscuridad de su último acto”, describía el propio Gatell la puesta en escena.

La estética de la obra, con referencias al teatro oriental y al realismo ruso, imprime la identidad propia de Gatell entre la magia y la oscuridad. Arteman expone en cada capa matices diferentes con una gran destreza actoral. Es una obra sensible, repleta de bellas imágenes y con una curaduría precisa de música y vestuario.

Durante los ensayos, Gatell tuvo complicaciones en su salud. La actriz y su director tuvieron sus últimas conversaciones y decisiones de puesta en escena en los jardines del hospital. "Aktrissa Chayka" se convirtió, accidentalmente, en una analogía de sus propios sentimientos, por eso la definieron como una “oda al teatro”.

Despedida y homenaje

La muerte del director Claudio Gatell entrelazó el camino de dos artistas que, en Polonia una y en Argentina la otra, trabajan en busca de la belleza del arte que las refleja: la fotografía, en el caso de Nina Smidek, y el teatro, en el de Natalia Arteman.

En 2014 Nina Smidek tomó fotografías de “Hanamachi, casi un policial japonés”, de Gatell y Arteman. Siete años después, uno de esos retratos de Arteman fue seleccionado para ser expuesto en el Salon d'Automne de París, que tendrá lugar en los Champs Elysées del 28 al 31 de octubre próximos.

El retrato tendrá añadida una grabación de voz que se pondrá en marcha con un detector de movimiento: la actriz argentina recitará en francés un poema de Gatell. Con dicho retrato sonoro, ambas le estarán rindiendo homenaje a su entrañable amigo, quien partió de este mundo el año pasado en plena pandemia de coronavirus.

Su partida las unió en la misión de profesar y extender la vida y obra de Gatell, quien marcó a ambas en sus desarrollos artísticos.

El sábado pasado, en el estreno de "Aktrissa Chayka", Arteman leyó una emotiva carta que Smidek envió desde República Checa -donde vive- para describir los valores de Gatell y despedirlo sobre el escenario.
 
A continuación se transcriben las sentidas palabras que viajaron desde Praga a Buenos Aires:

Julio Cortázar escribió: "Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma" y yo me permito, humildemente añadir "y lo que destroza al corazón"...

¿Cómo definir a un ser amado y cómo expresar el dolor que nos causa su desaparición súbita a través de unas pocas palabras, frente al público?

Me atormenté mucho intentando describir lo que Claudio Gatell representa para mí, cuánto me cambió la vida habérmelo cruzado en mi camino, y cuánto lloro al no poder nunca más recibir su mirada bondadosa y llena de ganas de vivir, de expresarse y repartirse... Pero creo que si hay pocas palabras que siempre surgen en mi mente conectándome a su ausencia, son éstas: EL ALMA, EL CORAZÓN, LO HUMANO y LO CELESTE.

Creo que Claudio era de estos pocos seres que nacieron con la sensación del deber cumplir con la altura del ser humano en lo que tiene de más noble. Y dirigió toda su existencia con lo que él consideraba "aristocracia del alma". Este compromiso con él mismo, lo llevó a ayudar a todos los que tuvimos la suerte de estar cerca. Y me parece importante decir que Claudio dedicó mucho de su vida a ayudar a los chicos de las villas miseria, caídos por desesperación en la droga.

Claudio tenía el don de VER a las personas y detectar su fragilidad. Y desde su corazón, lograba reparar las heridas, devolviéndonos las alas que permiten alcanzar lo mejor de nosotros mismos.

Era un revelador de la belleza de los seres. Y yo le agradezco para siempre haberme salvado y haberme llevada a encontrar mi camino.

El teatro era la forma de expresión que le brindaba la libertad de poder meter en escena todas sus múltiples sensibilidades. El teatro era su amor. El teatro era su lucha por el bien, denunciando al mal.

Yo tuve el honor de verlo con mis propios ojos en sus momentos de creación. Aquel día entendí que era testigo de la GENIALIDAD. Si hay algo que me rebela, es el hecho de despertarnos demasiado tarde. En el caso de Claudio, es demasiado tarde. Pero para sus obras, estamos a tiempo. Desde ahí, les pido, sensible público, ¡mobilícense! ¡Mobilícense para difundir esta obra magistral que nos legó. Te agradezco, querida Natalia Arteman, por haberme brindado tan generosamente esta única oportunidad de expresar desde Praga, para Buenos Aires, mi dolor al perder al SER que fue, y es desde lo celeste su alma está más cerca a la mía. Y por llevar adelante con tanta grandeza esta obra, que está escrita para vos. Claudínku, amigo mío, mi alma gemela, te agradezco haber existido. Te tengo por siempre en mi corazón. Te quiero mucho... Nina Smidek.

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