La imagen es la de una figura humana con las manos llenas de armas. La rodean los nombres de varios jóvenes muertos en tiroteos con la policía. Así, con ese mural en la entrada, se presenta la villa San Petersburgo, en Isidro Casanova. Por si queda alguna duda, Hernán, el autor, la despeja con una frase: “Este es un barrio de pistoleros”, dispara.
Y en una nueva entrega de Barrios Picantes, Paulo Kablan recorrió sus pasillos repletos de historias atravesadas por el delito. Como la de Kevin, quien a los 21 años ya tiene un abultado prontuario.
Estuvo preso y vive de milagro. Recibió un tiro en la espalda cuando le quiso robar a un gendarme. Peor suerte corrió uno de sus cómplices. Quedó muerto en el lugar.
Bárbara se crio en el barrio. Tuvo tres hijos, pero a uno lo mataron el año pasado. Estaba en la casa cuando escuchó una discusión en la puerta. Apenas se asomó para ver qué pasaba recibió un tiro en la cabeza.
Es común que las diferencias se diriman a los tiros. También que aparezcan autos robados. Por eso César no se sorprende cuando muestra uno recién llegado.
“Yo cuando era chico me la pasaba jugando en los autos desmantelados que dejaban acá en el barrio”, recuerda.
Pero “San Pete”, como le dicen los vecinos, no deja de ser un barrio de laburantes. Gente que se sacrifica a fuerza de dignidad para cubrir sus necesidades básicas. Y aun así muchas veces no lo consigue.