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Informes Especiales

Portada  |  17 mayo 2022

Mitómanos: la compulsión de crear un mundo falso

Mienten, pero no por deseo, tampoco por placer. Mienten por impulso y compulsión, por cierta necesidad interna, difícilmente controlable.

La mentira los ha alejado de sus seres más queridos, desde edades tempranas. Se sienten solos, y pocos se animan a someterse a tratamiento psicológico o admitir su propia dificultad. Prefieren continuar su vida en el ocultamiento, en fingir que todo está bien y que la mentira constante es una compañía pasajera.  

No han engañado solamente para sacar algún provecho, sino que también el mismo impulso de la mentira los ha llevado a fingir, sin razón o fin. Es más, la persona termina creyéndose sus propias falacias, y así comienza a construirse una especie de cadena, larga y pesada, de mentira tras mentira. Varios son conscientes de su dificultad y, solo en algunos momentos, sienten culpa. Principalmente por haber lastimado a sus seres más íntimos, por haber jugado con la confianza de su propia familia.  

Desde pequeñas mentiras hasta las más significativas, todas forman parte del falso mundo creado por la persona mitómana. Según estudios médicos, se trata de un trastorno mental que puede ser impulsado (consciente o inconscientemente) dentro de la propia familia. Por eso mismo, no resultaría extraño que dentro de un mismo círculo familiar exista más de una persona mitómana o mentirosa compulsiva.  

De todos modos, no se trata de un trastorno incontrolable, hay tratamientos específicos para suavizar la mitomanía, cuya finalidad es que la misma no represente una molestia significativa en los círculos sociales del paciente. Solamente hace falta un requisito: voluntad de la persona para ser atendida, habiendo admitido la propia dificultad.  

Va a ser, además, de gran ayuda el acompañamiento del entorno. Desde una maestra de colegio, hasta colegas de trabajo, todos pueden acompañar a quien padece de mitomanía. Con empatía y tolerancia, entendiendo que quien miente puede estar haciéndolo por padecer de un duro trastorno, sin malas intenciones.  

En un entorno de respeto y compañía, la persona con mitomanía -o quien miente compulsivamente- puede encontrar un espacio para expresar lo que verdaderamente le pasa. Y, en vez de ocultarlo, pedir ayuda.  

Agradecimientos:  

FLENI  

Dra Elsa Constanzo, Jefa de Psiquiatría- Fleni

Octavio Calderón

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