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Informes Especiales

Portada  |  12 noviembre 2021

Relatos de cómo sigue la vida tras un choque brutal

“Volvimos a nacer”, dice Mariela en medio de un ataque de llanto y angustia. Es que hay heridas que no se ven, pero que tampoco se borran.

Muchas veces el azar puede torcer un destino. Para bien o para mal. Y una prueba de eso es lo que les sucedió a Jorge, Mariela y sus dos hijos el 11 de octubre pasado. La lluvia los obligó a suspender lo que empezar a ser un descontracturado día de camping. Y cuando volvían a casa un camión de basura chocó el auto en el que viajaban, lo arrastró varios metros y lo terminó aplastando contra una columna en una esquina de Gerli. Tan destruido quedó, que lo lógico hubiese sido que ninguno sobreviviera. Pero sobrevivieron todos. Y, salvo Jorge, ilesos.

“Volvimos a nacer”, dice Mariela en medio de un ataque de llanto y angustia. Es que hay heridas que no se ven, pero que tampoco se borran. Desde entonces casi que no puede dormir por las pesadillas que la atormentan cuando recuerda lo cerca que estuvieron de la muerte.

Y mucho más ella, que justo ese día no viajaba en el asiento del acompañante, donde más fuerte golpeó la carrocería del camión. Había decido ir en el asiento trasero junto con sus dos hijos, Jacqueline, de 10 años, y José Luis, de 5.

Media hora estuvieron atrapados entre los hierros retorcidos hasta que los bomberos pudieron rescatarlos. Jorge, que iba al volante, se llevó la peor parte. Tenía un vidrio clavado en el estómago, y varias costillas y la clavícula fracturadas.

“Cuando sentí el golpe del camión pensé que se terminaba todo. Es un segundo en el que ves la muerte”, cuenta ya repuesto de las heridas y de los 20 días de internación durante los cuales además se contagió covid.

Pero ya están todos juntos de nuevo. Sanos y salvos. El azar, y vaya uno a saber qué, les salvó la vida.

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