“Cuántas veces vivimos situaciones que pretenden anestesiarnos la memoria y así se van perdiendo los motivos de alegría y comienza a ganarnos una tristeza que nos vuelve individualistas, que nos hace perder la memoria de pueblo elegido, y esa pérdida nos disgrega, hace que nos cerremos a los más pobres”, dijo Francisco durante la homilía de la misa celebrada en la Plaza del Cristo Redentor.
“Frente a tantas situaciones de hambre en el mundo, no podemos decir: ‘no nos dan los números, no nos cierran las cuentas’”, porque “en un corazón desesperado es muy fácil que gane espacio la lógica que busca transformar todo en objeto de cambio, de consumo” y deja afuera, por descarte, “a todos aquellos que no producen”.
El obispo de Roma, retomando el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y los peces que se había leído momentos antes, afirmó: “Jesús, una vez más, vuelve a hablarnos y nos dice: - no es necesario que se vayan, denles ustedes de comer”, y más adelante reiteró que la mirada de Cristo “no acepta una lógica que siempre ‘corta el hilo por el más débil”.
De la celebración, que duró dos horas y media, participaron 700 sacerdotes, 40 obispos y 2.500 laicos: estos últimos fueron los encargados de entregar las 750.000 hostias consagradas en el momento de la comunión.
Entre las 15.000 sillas dispuestas en un área preferencial circundante, 30 fueron ocupadas por representantes del cuerpo consular argentino, y 25 por residentes argentinos que llegaron vestidos con camisetas y banderas albicelestes.
Antes de la misa, el Papa realizó un recorrido de 11 cuadras a bordo del papamóvil por los alrededores de la Plaza, trayecto a lo largo del cual fue vivado por miles de fieles que llevaban horas aguardándolo y agitaban pañuelos a su paso.