Su carrera como actriz comenzó a truncarse hace diez años, cuando la anorexia entró en su vida. Distintos traumas confluyeron para que no pudiera seguir alimentándose y su estado de salud se deterioró a una velocidad sorprendente.
Hoy, Rachael Farrokh se encuentra en estado crítico, postrada en su casa de San Clemente, California, en el sudoeste de los Estados Unidos. Los hospitales no quieren tratarla porque está por debajo del peso mínimo, y alimentarla en una dosis apenas excesiva podría matarla.
Esto obligó a su marido, Ron Edmondson, a renunciar a su trabajo y a dedicarse las 24 horas a cuidarla, ya que ningún profesional se anima a hacerlo.
Su única esperanza es una clínica de la cosa este del país, que tiene la tecnología necesaria para tomarla como paciente. El problema es el enorme costo que acarrearía una internación allí.
"Hola, mi nombre es Rachael. Necesito tu ayuda. Padezco un desorden alimenticio, que es un tipo muy severo de anorexia. Es una enfermedad psicológica que provoca mucho sufrimiento físico", dice en su mensaje.