Neysi Pérez, de 16 años y embarazada de tres meses, perdió el conocimiento después de despertarse por la noche para ir al baño.
Al ver que le salía espuma por la boca, sus padres llamaron a un sacerdote pensando que había sido poseída por un espíritu maligno.
El sacerdote trató de exorcizarla pero la joven dejó de tener signos vitales. Entonces, fue trasladada al hospital, donde horas más tarde los médicos la declararon muerta.
La adolescente fue enterrada en un mausoleo del cementerio General de la Entrada, en Copán.
Al día siguiente, uno de los guardias del lugar escuchó ruidos que provenían de la cripta de la joven y alertó a las autoridades.
Tras la apertura de la tumba y el cajón, lelgaron los empleados de Medicina Forense y notaron que el vidrio del cofre estaba quebrado. Sin embargo, al revisar el cuerpo, confirmaron que Neysi estaba muerta.
Los forenses que realizaron la exhumación del cuerpo señalaron que la adolescente pudo haber sufrido un episodio de pánico severo que detuvo su actividad cardíaca.
Tampoco descartaron un caso de catalepsia, un trastorno nervioso repentino que se caracteriza por la inmovilidad y rigidez del cuerpo, además de la pérdida de la sensibilidad durante horas.