El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció este sábado que el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, murió en los ataques aéreos propiciados por Estados Unidos e Israel a Irán. "Jamenei, una de las personas más malvadas de la historia, está muerto", escribió Trump en su red social Truth Social.
"Esto no solo es justicia para el pueblo de Irán, sino también para todos los grandes estadounidenses y para todas aquellas personas de muchos países del mundo que han sido asesinadas por Jamenei y su banda de matones sedientos de sangre", añadió el republicano. El mandatario afirmó que la muerte de Jamenei daba a los iraníes su "mayor oportunidad" de "recuperar su país".
"El país ha quedado, en solo un día, muy destruido e incluso arrasado. Sin embargo, los bombardeos intensos y precisos continuarán sin interrupción durante toda la semana o durante el tiempo que sea necesario para alcanzar nuestro objetivo", publicó Trump.
Festejos por la muerte del ayatollah
Numerosos iraníes tomaron las calles para celebrar con gritos y música las informaciones de que el líder supremo del país, el ayatolá Alí Jamenei, había muerto en la operación de Estados Unidos e Israel, según videos verificados por la agencia francesa AFP.
Si bien la muerte no fue confirmada por el gobierno iraní, videos en Telegram verificados por AFP mostraron a iraníes con música a todo volumen, celebrando, aplaudiendo y haciendo sonar las bocinas de sus vehículos. Las celebraciones empezaron incluso antes del anuncio de Trump, cuando aparecieron otras informaciones de la muerte de Jamenei, poco después de las 23 (hora local).

Contrario a esa reacción, el embajador de Irán ante las Naciones Unidas acusó el sábado a Estados Unidos e Israel de haber cometido un "crimen de guerra", y aseguró que sus ataques habían tenido como objetivo infraestructura civil y habían matado a más de 100 niños en una escuela. La respuesta iraní no se demoró: atacó con misiles varios puntos de la ciudad israelí de Tel Aviv.
"El número de civiles inocentes sigue aumentando. Esto no es solo un acto de agresión, es un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad", declaró Amir Saeid Iravani en una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU.
La muerte de Jamenei llega casi dos meses después de una brutal represión a las protestas de diciembre, motivadas por los problemas económicos del país afectado por las sanciones. Las manifestaciones pronto se convirtieron en un movimiento de contestación a nivel nacional que alcanzó su punto álgido los días 8 y 9 de enero, lo que supuso uno de los mayores retos para los líderes iraníes en años. Los disturbios provocaron una violenta represión del gobierno que causó la muerte de cerca de 7 mil personas. Las autoridades iraníes reconocen más de 3.000 muertes, pero atribuyen la violencia a "actos terroristas" orquestados por Estados Unidos e Israel.
Quién fue el ayatollah Alí Jamenei
El líder supremo iraní Alí Jamenei fue un estratega hábil que nunca dudó en recurrir a la represión y que superó muchas crisis al frente del sistema teocrático de la república islámica. Aun a sus 86 años en la actualidad, dominaba Irán desde que asumió el poder en 1989, sucediendo al fundador de la república islámica, el ayatolá Ruholá Jomeiní.
A lo largo de décadas reprimió brutalmente una serie de protestas, como la movilización estudiantil de 1999, las manifestaciones masivas desencadenadas en 2009 por unas controvertidas elecciones presidenciales y una ola de contestación en 2019.
Siempre con turbante negro y una espesa barba blanca, Jamenei también sofocó duramente el movimiento "Mujer, Vida, Libertad" de 2022-2023, desencadenado por la muerte de Mahsa Amini, detenida por supuestamente infringir el estricto código de vestimenta impuesto a las mujeres.
El líder supremo tuvo que esconderse durante la guerra de 12 días en junio de 2025 provocada por un ataque sin precedentes de Israel, su enemigo acérrimo, que puso de manifiesto la profunda penetración de los servicios de inteligencia israelíes en las estructuras iraníes.
Pero sobrevivió a la guerra y, ante la nueva ola de protestas que sacudieron el país a comienzos de este año apareció desafiante como nunca.
Sus apariciones públicas, relativamente poco frecuentes, nunca se anunciaban con antelación ni se retransmitían en directo. Nunca salió del país desde que asumió el poder, al igual que el ayatolá Jomeiní, que regresó a Irán desde Francia durante la revolución islámica de 1979. Su último viaje conocido al extranjero se remonta a 1989, cuando era presidente, para una visita oficial a Corea del Norte.
Durante mucho tiempo se especuló sobre su salud, dada su edad. Tenía el brazo derecho paralizado desde que sobrevivió a un intento de asesinato en 1981, que las autoridades siempre atribuyeron a un grupo ahora ilegalizado de antiguos aliados de la revolución.

Jamenei, hijo de un imán, nació en el seno de una familia pobre. Su activismo político contra el sah Reza Pahlavi, apoyado por Estados Unidos, le valió pasar gran parte de los años 1960 y 1970 en prisión.
Su lealtad al ayatolá Jomeiní fue recompensada en 1980, cuando se le confió la importante tarea de dirigir las oraciones del viernes en Teherán.
Elegido presidente un año más tarde tras el asesinato de Mohammad Alí Rajai, en un principio no se le consideraba el sucesor natural de su mentor.
Sin embargo, poco antes de su muerte, este último destituyó al favorito, el ayatolá Hossein Montazeri, que había denunciado las ejecuciones masivas de miembros del grupo Muyahidines del Pueblo y otros disidentes. Los Muyahidines del Pueblo fueron aliados de la Revolución, pero están actualmente prohibidos en el país. A esta organización se le atribuye el asesinato de Rajai.
Tras la muerte de Jomeiní, Jamenei rechazó inicialmente, en un episodio que se hizo famoso, su designación como líder por parte de la Asamblea de Expertos -el máximo órgano clerical de la República Islámica- antes de que los religiosos se levantaran para ratificar su nombramiento. Desde entonces, su control sobre el poder nunca disminuyó, y bien al contrario reforzó la ideología radical del sistema, incluyendo la confrontación con el "Gran Satán" estadounidense y la negativa a reconocer la existencia de Israel.
Jamenei trabajó con seis presidentes electos, un cargo mucho menos poderoso que el de líder supremo. Aunque en algunos casos se les permitió intentar llevar a cabo reformas cautelosas y un acercamiento con Occidente, al final Jamenei siempre se puso de lado de los partidarios de la línea dura.