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Una nena de 9 años grabó confesión de los abusos sexuales que sufría de su propio padre
Una nena de 9 años registró una conversación con su padre en la que él habla de los toqueteos a los que la sometía. Sus abuelos también son parte de la conversación.
María es madrileña, acaba de cumplir nueve años y hace meses que se niega a irse con su papá los días que le corresponden según el reparto acordado por un juzgado de familia. La policía la espera esos días a la salida del colegio y asiste siempre a las mismas escenas: la negativa de la niña, que unas veces grita y otras se bloquea al ver a su progenitor; las súplicas de este, que en alguna ocasión han derivado en amenazas de agresión a la madre que han acabado ante el juez; y los lamentos de la mujer, que implora a los agentes para que no permitan que María se vaya con su padre.
Según publica el diario español El País, en abril la madre tiene prohibido ir al colegio esos días para evitar enfrentamientos y la policía acude por orden judicial para "allanar la entrega y recogida de la niña". Pero las medidas impuestas por el juzgado no han evitado los conflictos a la salida de la escuela ni que María siguiera negándose a irse con su padre. Hasta el martes 7 de junio. Ese día, la nena protestó, gritó y se resistió durante más de una hora ante la policía y los profesores, pero acabó metiéndose en el coche con sus abuelos paternos. De vuelta a casa por la noche, le entregó a su madre una grabación en la que el padre admite los abusos sexuales que ella venía denunciando desde hace dos años.
Los dos últimos años de María han transcurrido entre denuncias cruzadas de sus padres por los abusos a la menor, incumplimientos de la mujer en el régimen de visitas y amenazas del hombre hacia su exmujer. Hasta que el martes 7 de junio, la niña cogió una pequeña grabadora de su madre y, al terminar las clases, se fue al baño y se la metió en una media. Ahí quedaron grabadas las siguientes seis horas, que pasó con sus abuelos y su padre. Cuando habían transcurrido 3 horas y 42 minutos, el padre le recrimina que no esté bien con él. Tras un tiempo el hombre le pregunta. "¿Pero cuándo te he tocado yo?". "Muchas veces", contesta la nena. "Pero cariño, eso es para jugar", replica el padre. "Es que no tienes que hacerme eso nunca, mi cuerpo es mío". "Tu cuerpo es tuyo, efectivamente (...), cuando tú decías que no te tocara, yo paraba", le dice el padre, que añade: "Yo lo único que te estaba haciendo era cosquillas y estaba jugando contigo".
El abuelo intenta mediar explicándole a la niña que su padre le tocaba para lavarle. "Eso hay que asearlo muy bien y darle pomada", le dice.
—"No, no, no, si yo sé por lo que la niña lo dice, si yo sé a lo que ella se refiere", le corrige el padre.
El abuelo insiste: "Yo también te lo he lavado, entonces sería igual".
—"No, si ella no se refiere a eso, si yo sé a lo que se refiere", aclara el padre.
—"¡Bueno, pues ya está!", grita la niña.
—"¡Bueno, pues apechuga, pues apechuga!", contesta a gritos él.
El abuelo insiste en que el padre solo la tocaba para lavarla y su hijo le corta de nuevo: "Ya está, papá, si ella se refiere a otra cosa. Habla con ella como si fuera una persona mayor, que ella no se refiere a eso". "Ya, si lo sabemos", dice la abuela.
La discusión entre la niña, sus abuelos y su padre dura seis minutos. Tras dos segundos de silencio, los abuelos desvían la atención de María hacia sus muñecas Pin y Pon.