Portada  |  27 abril 2023

Pasó seis años postrada en su cama sin saber qué tenía: "No podía hablar, ni tragar y me dolía hasta respirar"

"No podía hablar, no podía tragar y llegué a pesar 45 kilos", cuenta Anila, la mujer que de un día para el otro comenzó a sufrir los problemas de una enfermedad inesperada. Una imperdible historia de "Marcas".

Marcas

Anila tuvo un virus que le afectó todo el cuerpo. Estuvo 6 años postrada en la cama. Un día le dijeron que podía hacer yoga para tonificar los músculos. Cuando llegó al club quiso aprender natación.

Así se salvó, se recuperó, salió de la enfermedad, hoy nada casi todos los días, nada río abierto 24 kilómetros y compite internacionalmente. Se arrepiente de no haber empezado a nadar antes. Dice que tiene marcas del tiempo perdido.

Todo empezó con enfermedades que ella nunca había tenido antes: "De la noche a la mañana empecé a tener broncoespasmos, aftas, llagas en el tracto respiratorio. Me tuve que quedar en cama porque los síntomas eran muy fuertes. No podía hablar, no podía tragar y llegué a pesar 45 kilos". 

El drama para ella no solo eran sus padecimientos, sino también la incertidumbre de no saber qué era lo que le pasaba: "Estuve 6 años en internación domiciliaria en mi casa, perdí masa muscular, tenía mucha incertidumbre. Iba a los médicos pero nadie sabía cuál era mi diagnóstico, no sabía qué iba a pasar conmigo para adelante". 

"Mi marido me cuidaba, mi familia y fundamentalmente me cuidaba yo. Trataba de preservarme, de hacer todos los cuidados paliativos dentro de un cuadro muy duro: yo no podía hablar, me agitaba mucho, vivía con un nebulizador al lado mío. Me dolía el solo hecho de respirar". 

En los peores momentos, su fe fue lo que la ayudó: "Soy creyente, creo en Dios y me aferré mucho al Gauchito Gil que me cumplió la promesa". En medio de su lucha llegó el tan ansiado diagnóstico: "La enfermedad es IDP (Inmuno Deficiencia Primaria), tiene tratamiento pero te puede llevar a la muerte si no se encuentra su diagnóstico".

Conociendo lo que tenía, Anila comenzó una larga lucha para salir adelante y de casualidad apareció su salvación. "La recuperación fue prueba y error, yo ya tenía otra perspectiva porque sabía lo que me pasaba", describió. Fue un dolor de espalda lo que la hizo conocer la natación: "Fui a ver a un traumatólogo porque tenía muchos dolores en la zona lumbar, me dijeron que no tenía nada y que empezara a hacer algún deporte. La natación me cambió la vida".

UNA NUEVA VIDA EN EL AGUA

"Empiezo a nadar en un club. Yo venía sin voz y fui con un papelito para que me pudieran ayudar. De a poco la gente me fue conociendo. A los dos meses que nadaba decidí anotarme en una travesía de aguas abiertas. Yo no estaba preparada para hacerlo, pero sentía la necesidad de salir, porque me sentía enjaulada. La pileta me gustaba pero yo quería ir más allá y empecé con esa travesía de 2,5 km.".

"Me di cuenta que me sentía libre, las aguas abiertas me dieron libertad", dice la mujer que desde entonces no paró nunca más de nadar. "Mi objetivo es llegar porque para mí estar nadando en el río es estar en el mejor lugar del mundo", dice emocionada Anila, que nadando recuperó su voz y su vida.

Comentarios