El 25 de junio de 1976, durante los años del terrorismo de Estado, la joven estudiante y militante política del Colegio Nacional de Buenos Aires Franca Jarach, de 18 años, fue secuestrada y recluida en la Superintendencia de Seguridad Federal. Luego, se supo por testigos que Franca fue trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Finalmente, fue una de las víctimas de los llamados “vuelos de la muerte”. Su padre Jorge murió antes de conocer ese final.
Unos meses antes, el 8 de septiembre de 1975, aún en el período democrático encabezado por María Isabel Martínez de Perón, Laura Ferrari, otra adolescente de 18 años que estudiaba Ciencias Económicas en la Universidad de Belgrano (UB), fue asesinada por un coche bomba instalado por Montoneros. Laura estaba esperando a unos compañeros y la nota de un examen sentada en un auto estacionado frente a la facultad cuando explotó el coche bomba estacionado adelante. La carga explosiva de Montoneros diseminó tuercas y trozos de metal en un radio de más de 50 metros impactando de lleno sobre Laura, sus amigos y otros transeúntes. Laura murió en el hospital después de 4 horas de agonía cuando la estaban operando. Ernesto Campos, empleado de la UB, falleció el 18 de septiembre a raíz de las heridas recibidas ese día. El padre de Laura, Abel Ferrari, no resistió el dolor, años después enfermó y falleció.
“Perder a un hijo es tremendo; nunca más se podrá sentir una alegría plena, nunca más se volverá a ser uno mismo plenamente. Un hijo es parte de nosotros, y perderlo es como perder una parte nuestra”, fue una de las cartas que escribió Giorgio Jarach, en aquel momento, a sus seres queridos.
En una de las últimas alocuciones públicas antes de morir a los 97 años hace cinco meses, Vera Jarach, madre de Franca e histórica referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, dijo: “No puedo verte, pero con el corazón sí que te veo”.
Hoy, a sus 96 años, Lorenza Ferrari, italiana igual que Vera, se lamenta: "La pienso todos los días. Era la luz de mis ojos. En mis últimos días, la necesito mucho, más que nunca".
Vera Jarach y Lorenza Ferrari perdieron a sus hijas de 18 años con diferencia de meses, consecuencia de la misma violencia política de bandos enfrentados. Antes de morir, Jarach recibió la ciudadanía argentina. Ferrari nunca la solicitó. No se conocieron, pero ambas dedicaron sus vidas a la búsqueda de la verdad y la justicia.