El problema es que el caballo en cuestión, Frankie, era demasiado amigable y constantemente lo interrumpió, refregándose el hocico o la cabeza contra él.
El periodista, persistente, vuelve a intentar una y otra vez y vuelve a ser interrumpido, al punto que no puede aguantar su risa.
No queda claro cuál de los dos es el más testarudo: o el caballo que no lo deja hacer el copete, o el periodista que no dio dos pasos para adelante para evitar el acoso.
Lo cierto es que el camarógrafo llevó las imágenes a su canal y desde allí mismo lo subieron a la cuenta de Facebook y desde allí se viralizó también en otros redes.