Cuando la ambulancia llegó al lugar, los médicos la felicitaron y le explicaron que si ella no hacía eso, Christoffer podría haber muerto desangrado.
Ana Lía acompañó a la pareja de turistas al Argerich y allí se quedó todo el tiempo. Supo que esa herida le había costado la pierna al joven sueco. Sintió dolor y vergüenza por lo sucedido y solo atinó a pedirles perdón en nombre de todos los argentinos que no quieren vivir en un país lleno de inseguridad.
Estuvimos en el Hospital con el último parte médico:
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