El Parkinson -la afección que El Indio Solari padecía desde 2016, es una enfermedad neurodegenerativa que afecta la producción de dopamina, un neurotransmisor clave no solo para el movimiento, sino también para el circuito del placer y la motivación. Por eso, los síntomas motores más conocidos —la rigidez muscular que convierte al propio cuerpo en una armadura, la lentitud de movimientos (bradicinesia) o la inestabilidad al caminar. Además, "a nivel mental comienza a aparecer la apatía, la ansiedad y, de manera muy marcada, la depresión. No como una "reacción" a estar enfermo, sino como parte del mismo proceso de deterioro neurobiológico", señala el psicólogo Alexis Alderete (MP 85367), especialista en Trastornos de Ansiedad y Entrenamiento en Habilidades.
Vivencia interna
“Lo que experimenta el paciente y expresa hacia su entorno es la pérdida. Pérdida del control, de la espontaneidad, de su autonomía. Los pequeños actos cotidianos comienzan a tener una mayor dificultad: abotonarse la camisa, escribir en la computadora o firmar algún documento, se convierte en una pelea contra su propio sistema nervioso. Esta nueva cotidianidad lleva a un cambio en la percepción de la autoimagen. La persona afectada ya no se reconoce en ese cuerpo que no le responde con la velocidad y practicidad que tenía antes del diagnóstico”, apunta el especialista.
Ante los demás hay un síntoma característico, la hipomimia o “cara de máscara”. “La pérdida de la expresividad facial hace que el entorno interprete equivocadamente que el paciente está enojado, distante o desinteresado, cuando lo que está vivenciando es una rigidez muscular que impide que las emociones se reflejen en el rostro”, agrega Alderete.
Abordaje de plena aceptación
El tratamiento del paciente jamás puede ser únicamente neurológico; requiere un abordaje interdisciplinario donde la psicoterapia sea un pilar fundamental. "Se transita sufrimiento ante la perdida de la falta de interés, iniciativa, y el comienzo de reacciones lentas en todos los ámbitos. Llevar adelante un nuevo diseño para el proyecto de vida del paciente, brindarle herramientas de afrontamiento y, fundamentalmente, acompañar a la familia para evitar el colapso del cuidador", explica el psicólogo.
Para atenuar el avance, "mantener un propósito de vida activo —sea crear, enseñar, conectar con otros, practicar algún arte o simplemente acompañar a otros— es uno de los factores protectores cognitivos más poderosos que se conocen frente al deterioro progresivo. No porque detenga la enfermedad, sino porque preserva lo que la enfermedad más quiere destruir: el sentido", afirma.
El desafío es ayudar al paciente a entender que, aunque el Parkinson altere la forma de transitar los próximos años de vida, la esencia de quién es esa persona con su propia historia vital sigue intacta. “Se trata de aprender a habitar el cuerpo desde una nueva partitura, encontrando dignidad, sentido y conexión en cada movimiento posible”, concluye Alderete, quien además realizó el Posgrado en Sexología Clínica (Sociedad Argentina de Sexualidad Humana).