En el Hospital Ramos Mejía de la ciudad de Buenos Aires el tango sirve como terapia para pacientes con la enfermedad de Parkinson.
Una vez por semana, alrededor de una docena de pacientes acuden al hospital para bailar: una sesión que utiliza los movimientos del tango para ayudar a tratar problemas de equilibrio, rigidez y coordinación. El objetivo es brindarles enfoques para el movimiento que puedan emplear en su vida cotidiana, así como un estímulo social y emocional proveniente de moverse al ritmo de la música.
Existen otros programas de terapia con tango para pacientes con Parkinson, incluso en Estados Unidos. El programa de Buenos Aires, que ya atendió a unos 100 pacientes, se basa en la importancia social y cultural del tango en Argentina, enfocándose en movimientos y música clásicos que resuenan con los pacientes, señaló la psicóloga e investigadora Débora Rabinovich, quien ayudó a crear el programa.
La terapia de baile se utiliza para otras condiciones médicas, incluidas la esclerosis múltiple y el Alzheimer. Su investigación encontró que “el tango utiliza el mismo tipo de movimientos que las personas con párkinson tienden a perder”.
Parkinson
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurológico crónico y progresivo que afecta el movimiento y que se produce por la pérdida de neuronas que generan dopamina, una sustancia fundamental para el control motor. Con el tiempo, esto impacta en la autonomía de la persona y puede generar complicaciones asociadas a la propia enfermedad.
En el marco del Día Mundial del Parkinson que se celebra cada 11 de abril, se indicó que los síntomas aparecen lentamente y el primero podría ser un temblor apenas perceptible en una sola mano o, a veces, en un pie o en la mandíbula.
Aunque los temblores son comunes en la enfermedad de Parkinson, el trastorno también podría ocasionar rigidez, disminución del movimiento y problemas con el equilibrio, lo que aumenta el riesgo de sufrir caídas y, si bien no hay datos estadísticos exactos, se estima que en Argentina unas 100.000 personas viven con esta dolencia.
“Además de los síntomas motores, como la lentitud o las dificultades para caminar, también pueden aparecer alteraciones del ánimo y del sueño. En etapas iniciales, estos síntomas suelen responder bien al tratamiento. Sin embargo, a medida que la enfermedad avanza, pueden surgir fluctuaciones en la respuesta a la medicación, conocidas como períodos ON y OFF”, explicó la Dra. Valeria El Haj, directora médica de OSPEDYC.
La importancia de la actividad física
En este contexto, la actividad física se consolida como una herramienta terapéutica fundamental, ya que, no solo ayuda a mejorar la marcha, el equilibrio y la fuerza, sino que también impacta positivamente en el ánimo y la calidad del sueño, por lo cual, realizar ejercicio de manera regular y adaptada a cada persona puede contribuir a sostener la funcionalidad y la independencia por más tiempo.
“Incorporar rutinas que combinen ejercicios aeróbicos, de fuerza y de equilibrio, preferentemente en los momentos del día en que la medicación ofrece mayor efecto. Iniciar la actividad de forma temprana y sostenerla en el tiempo es fundamental”, recomendó la directora médica.
Asimismo, añadió que “el acompañamiento del entorno también cumple un rol central”, mientras que el apoyo emocional, la adaptación del hogar para mayor seguridad y la participación activa de la familia favorecen la adherencia al tratamiento y mejoran la calidad de vida.
“Abordar el Parkinson desde un enfoque integral, que combine tratamiento médico, actividad física y contención, permite transitar la enfermedad con mayor bienestar y autonomía”, finalizó la Dra. El Haj.