En una nueva entrega de Barrios Picantes, Paulo Kablan recorrió la Villa Azul, donde los vecinos contaron cómo es vivir en un barrio donde los tiros y la inseguridad son moneda corriente.
Y lo pudo comprobar con sus propios ojos, cuando, en medio de la recorrida, un gendarme persiguió a los tiros a dos jóvenes que le acaban de robar a un automovilista en el Acceso Sudeste, que está pegado a la villa.
“Es como un territorio de caza -cuenta la Piojo, una vecina-. Todos los días pasa lo mismo. Le roban a los que pasan y se meten por los pasillos de la villa para escapar”, agrega.
Natalia es toda una referente de Villa Azul. La conoce como pocos. Y por eso sabe de las necesidades que hay. Faltan cloacas, cuando llueve se inunda y hay carencias materiales de todo tipo.
Y eso se da en un contexto social muy complejo, donde además abundan el consumo de drogas y la delincuencia. “Cada vez empiezan a edades más tempranas. Hay chicos de ocho o nueve años”, cuenta Natalia.
Sebastián es un caso testigo. De chico se dedicó al delito y durante años vivió prófugo. Lo buscaban por robo, pero la causa prescribió y zafó de ir a la cárcel. Igual decidió cambiar de vida.
Ahora trabaja y trata de que sus hijos vayan por el buen camino. El camino que no siguió el del hijo de Mercedes, una vecina histórica del barrio, que está preso por robo.
Le duele mucho, pero se consuela con algo: “Prefiero tenerlo en la cárcel a llorarlo en la calle porque lo maten”.