Con la caída de las ventas, los comerciantes tienen que apelar a todo su ingenio para atraer clientes. Y muchos encontraron en las figuritas un gran aliado. Lo increíbles es que no son solo los kiosqueros. Ahora también hay almaceneros y hasta carniceros.
Gabriela es un ejemplo. Hace dos semanas tiene un nuevo distribuidor que visita su almacén El alma de Gaby, en Monte Castro: el distribuidor de figuritas del mundial.
Y el negocio le salió redondo. Porque hasta tiene clientes nuevos que van a comprar figuritas y de paso se llevan algo del almacén. “Funciona un poco como un gancho, como los cigarrillos para los kiosqueros”, explica.
La misma estrategia implementó Lucía, dueña de un almacén en San Antonio de Padua. Pero ella le agregó una condición para comprar figuritas. Hay que comprar, al menos, algún producto del almacén.
Mucho más llamativo es el caso de David. En su carnicería, los carteles que promocionan las figuritas conviven con las ofertas de los cortes de carne.
“Vienen clientes por las figuritas y de paso terminan comprando un kilo de asado o una bondiola”, se entusiasma.