A Santiago López Menéndez, el joven ingeniero argentino secuestrado en Nigeria, Messi le salvó la vida. Sus captores casi no hablaban inglés, él trataba de explicarles que era argentino, de Sudamérica, pero entendieron que era norteamericano y se pusieron violentos. El insistió al grito de “¡Messi, Messi, Messi!”. Así consiguió que los hombres bajaran el nivel de agresión.