Por Gabriela Cerioli
A sus 29 años, Karina Duclos vive encerrada en un ambiente sellado de una humilde casa que su padre alquila en el centro de Tigre. No padece ninguna fobia, pero sí un conjunto de enfermedades que sorprende.
Desde los 13 la joven alternó períodos de hipo e hipertiroidismo. Pero, además, padece: fibromialgia, insuficiencia suprarrenal, infecciones urinarias recurrentes, incontinencia urinaria, encefalomielitis miálgica/sindrome de fatiga crónica, sensibilidad química múltiple, hipersensibilidad auditiva, olfativa y visual, electrohipersensibilidad, inflamación crónica del tracto digestivo, vejiga y colon irritables, hemorroides internas, artritis, escoliosis, poliquistosis ovárica, deficiencia de vitamina D, antecedentes de broncoespasmos y principio de asma.
"Vive con fuertes dolores de cabeza que le provocan náuseas y vómitos", cuenta Rubén, su padre, a telefenoticias.com.ar.
Su hija deambuló por servicios médicos públicos y privados, aunque no cuenta con obra social. "Todo dentro de mis posibilidades económicas y las de mi padre. A veces le pedíamos ayuda a mis tías para pagar una consulta", recuerda Karina.
A pesar de todo, Karina trabajaba. Pero su cuadro empeoró desde el 2015 y tuvo que dejar de hacerlo.
"Hoy en día puedo darme cuenta desde cuándo vengo sufriendo todos estos síntomas. Antes ni siquiera lo tenía claro y confundía un síntoma con otro. Pasé por guardias, médicos clínicos, gastroenterólogos, reumatólogos, dermatólogos, endocrinólogo, otorrinolaringólogos, alergistas, psiquiatras, psicólogos, urólogo. También recurrí a la homeopatía", comenta.
En 2016 la joven, que está al exclusivo cuidado de su padre de 64 años, estuvo internada un mes y medio. En esa oportunidad fue mal diagnosticada y llegó a tomar 12 pastillas diarias de un tratamiento reumatológico que no fue el adecuado.
Karina sabe, en carne propia y desde muy temprano en su vida, de análisis de sangre, endoscopías altas y bajas, biopsias, ecodoplers, ecografías, radiografías, resonancias magnéticas y tomografías.
Si bien la joven debería hacerse controles periódicos, en los últimos 10 meses "solo una vez me vio un otorrino a domicilio". No es que no le den turnos, es que no puede salir de su habitación. "Por mi estado de sensibilidad química múltiple y electrosensibilidad estoy limitada en el espacio: cualquier lugar me hace enfermar aún más", explica.
"Dependo de mi padre, que hace changas de jardinería, carpintería, albañilería. Sus ingresos no son fijos y no cuenta con jubilación ni pensión, menos aún con obra social. Hace casi un mes que no trabaja porque me está cuidando. Dependo de él prácticamente para todo, porque necesito que me ayude a sentarme o pararme, que me haga la comida, me dé agua, lave mi ropa, me ayude a cambiarme", se lamenta recostada en la cama, el único mueble que hay en su habitación. Por su electrohipersensibilidad, Karina no puede convivir con electrodomésticos ni celulares. Todo la lastima. Pero las ondas electromagnéticas se filtran fácilmente en su casa con techo de madera: los cables de los vecinos hacen interrupciones en su campo de sensibilidades. Y los dolores son intolerables.
Su papá debe apagar el celular en su casa. ¿Cómo hizo entonces la entrevista Telefe Noticias? En etapas: primero, se le envió a Rubén un SMS. Al salir de la casa en algún momento del día, encendió el móvil, vio el mensaje que proponía un día y una hora para el llamado. Aceptó. Al día siguiente, a la hora convenida, telefenoticias.com.ar pudo tener su testimonio.
Como mínimo, Karina necesita un protocolo de emergencia para que una asistente social tome nota y reporte a las autoridades sanitarias del Municipio de Tigre su delicado contexto. "Para que venga una asistente, necesito un certificado médico... ¿Pero cómo la llevo al hospital?", se pregunta Rubén, envuelto en una historia sin comienzo ni fin. "Ni el hospital está preparado para recibirla ni la ambulancia para trasladarla", explica.
¿Cuál es una solución viable para que la chica no sufra tanto en el corto plazo? Una máscara de oxígeno que filtre lo que llega a sus mucosas.
Él y Karina -que denunció a su madre por maltrato y hoy tiene una restricción perimetral- pagan 7000 pesos de alquiler más los servicios. Cada tanto reciben una magra ayuda de las hermanas de Rubén, estipendio que usan básicamente para los víveres.
La paciente de los mil padeceres tiene frío, pero no puede usar ni frazadas ni estufas. Y solo cuenta con tres mudas de ropa.
Por prescripción médica, la joven de Tigre necesita un régimen alimentario especial, prendas de vestir de una tela que no le haga daño y hasta bañarse con agua mineral. Pero las condiciones económicas que atraviesa no se lo permiten, pues la buena salud para ella es un lujo inalcanzable.
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