Martín Parra, dueño de un gimnasio de San Cristóbal, mostró en Buen Martes de qué manera se prepara para reabrir su local deportivo ni bien el Gobierno lo permita.
"Mandamos a hacer mamparas livianas para separar las máquinas", afirmó Parra.

Para ello los gimnasios trabajan en “un protocolo de reapertura que podría ejecutarse a partir de la flexibilización de la cuarentena”.
Esquemas intensificados de limpieza y desinfección de todas las superficies de contacto, ventilación, profilaxis del personal, horarios de acceso y cupos máximos por metro cuadrado son algunas de las medidas propuestas para minimizar el riesgo de contagio.
El centenar de gimnasios de barrio -es decir, los que no pertenecen a grandes cadenas- emplea entre 1.500 y 2.000 personas, que corren el riesgo de perder sus fuentes de trabajo sin los establecimientos deben seguir cerrados.
"Muchos clientes, que habitualmente pagan mes a mes, se solidarizan y nos piden datos bancarios para hacernos transferencias pese a que no hacen uso del servicio", explicó Parra, pero al mismo tiempo advirtió que no esos aportes no son suficientes para hacer frente a los alquileres que deben pagar.
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