La mujer oriunda de un pasaje a poco más de 20 kilómetros de la ciudad de Oberá, fue a la Anses para cobrar su primera jubilación.
Sin embargo, cuando llegó al lugar le informaron que el trámite que había iniciado hace meses no había sido concluido porque faltaba hacer un depósito de 448 pesos, correspondiente a la primera cuota de la moratoria.
Pese a que Agripina le había dado el dinero a su hijo, el hombre nunca hizo el pago. Ante esto, la mujer rompió en llanto ya que no contaba ni con el dinero necesario para regresar a su pueblo.
Sus lágrimas conmovieron a los empleados del lugar que rápidamente organizaron una colecta para ayudarla. Entre todos juntaron el dinero que hacía falta, fueron al banco más cercano y pagaron la cuota.
Así, Agripina pudo terminar con el trámite y comenzó a cobrar su tan ansiada jubilación.
Para los empleados de esta sucursal de Anses, un aplauso cerrado y que sirva de ejemplo para muchos que atienden a personas mayores, a quienes les resulta muy difícil a veces, poder resolver este tipo de trámites en soledad.