La enfermedad llevó a León pasar su corta vida entre médicos y enfermeros, entre guías de suero y medicamentos, entre alarmas y ruidos, que a cualquiera de nosotros nos alteraría hasta volvernos locos.
Provenientes de una familia muy humilde, fallecida la mamá de León fue su padre quien tuvo que afrontar el cuidado del bebé. Trabajar, concurrir al hospital, atender al bebé. Las visitas se hicieron más esporádicas, aunque nunca dejó de verlo. León comenzó a ser cuidado por el personal de enfermería y médicos del hospital.
Los hospital públicos, cuentan con la colaboración de grupos de voluntarios, que resultan esenciales para acompañar a los profesionales. En este caso es a través de la Iglesia del Hospital y las voluntarias del grupo de la Pastoral de Salud, del Obispado de Quilmes. Una de ellas es Liliana.
"Fue maravilloso lo que me pasó desde el primer momento, tuve un cariño enorme por León. Ese vínculo fue creciendo día a día. Fui conociendo su historia y también aprendí mucho de él y con él, realizaba las actividades de estimulación, que me indicaban en el Hospital, empecé a acompañarlo y a quererlo. Era tan lindo lo que sentía por él, que un día invité a mi esposo y mi hija a que lo conozcan. Y ese momento fue hermoso”, recuerda Liliana.
Liliana acudió al área de Legales del Hospital para averiguar cómo y de qué forma podía cumplir con este deseo de que León formara parte de su familia. Fue asesorada y así comenzó un largo proceso para tramitar la guarda provisoria de León. Finalmente el dictamen llegó, hace unos meses y León pudo irse a la casa de Liliana, a un nuevo hogar.
La historia de León y Liliana, llegó a oídos de los miembros del Consejo de Administración del Hospital, quienes pensaron que esta nueva familia tendría que afrontar muchos gastos para cuidar a león y de alguna manera debían ayudarla. La alternativa fue ofrecerle trabajo a Liliana. Ella ya conocía bien el hospital, había sido voluntaria. Se le ofreció trabajar en el área de Gestión de Pacientes.
Hace unos meses, León, fue bautizado por el padre Adrián, en la capilla del Hospital; la misma sábana blanca, ahora no cubriendo una cama de terapia, sino un altar lleno de luz y armonía.
La ceremonia llenó de emoción de todos los que estuvieron presentes: Liliana, Daniel, su esposo y su hija, pero también estuvo, Juan, el papá biológico de León. Participaron también muchos de los que habían cuidado a León durante sus largos años de internación: enfermeros, médicos, personal de gestión de pacientes, agentes de traslado, autoridades del hospital y familiares. Y hace pocos días León celebró sus cinco años con notables progresos en su salud y hasta comenzó a dar sus primeros pasos.
León es un guerrero, es un luchador y esta, su historia, merece ser contada.
Fuente: Hospital El Cruce