Por Anabella Messina
Las voluntarias del Hospital de Niños "Ricardo Gutiérrez" acompañan y ayudan a contener a los niños y a sus familias durante el período de internación. También ellas están atravesadas por la pandemia de coronavirus. La mayoría de ellas son mujeres mayores de 60 años, o sea, son personas en edad de riesgo. Por esa razón la atención del servicio se redujo a la mínima expresión.
El Servicio de las voluntarias del Gutiérrez nació durante la epidemia de poliomielitis en 1956. Ahora, con la pandemia de coronavirus vuelve a replantearse su función.
La semana pasada la mayoría de las voluntarias tuvieron que tomar una decisión en torno a si seguir o no adelante con la tarea de ayudar a los niños y a sus familias en el hospital. El problema que surgió fue que la mayoría de las mujeres que hacen este trabajo de manera voluntaria son mayores de 60 años, por lo tanto, constituyen una población de riesgo de cara al COVID-19. Y otras conviven con personas mayores o con trastornos de la salud que también las pone en riesgo.
A pesar de todos los miedos y las preocupaciones, decidieron dejar una atención mínima durante cuatro días a la semana. Suspendieron las visitas a las salas, no cuidan más a los chicos en los distintos servicios y no van a los consultorios. Pero sí atienden todos los pedidos de los padres de los chicos internados, entregan ropa, elementos de higiene personal, juguetes, libros y pañales. La atención se mantiene los martes y jueves de 9 a 12 y los lunes y viernes de 14 a 17.
De las 80 voluntarias, son dos las que siguen adelante con la atención tomando todos los cuidados que son necesarios.
También definieron que no recibirán, por el momento, donaciones para evitar que la gente vaya al hospital y que el virus no siga circulando.
Ellas dejaron de abrazar, pero siguen escuchando, orientando y conteniendo.
Sus guardapolvos celestes ya no circulan por los pasillos del hospital, pero ellas siguen siendo una referencia continua para las madres, los padres y, sobre todo, para los pequeños pacientes.
El corazón de las voluntarias está más abierto que nunca, a pesar de las dificultades que tienen para asistir. A pesar de las contingencias, dan pelea y siguen adelante con la misma pasión y solidaridad de siempre.
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