El hombre ya había pasado por el corralito en el año 2001, cuando todos sus ahorros quedaron en el banco. Quizás por esa experiencia tan traumática no dudó en creer lo que estaba escuchando vía telefónica.
Sin pensar demasiado y sin comentarlo con su familia, el hombre se dirigió al banco y retiró el depósito íntegro. Cuando llegó a su casa, lo volvieron a contactar los estafadores diciendo que eran de la escribanía y que debían llevarse el dinero.
El hombre les creyó y les entregó todo. Obviamente, en cuento del tío les funcionó a la perfección a la banda de ladrones.