Se calcula que con una reducción de tres gramos de la ingesta diaria de sal se evitarían en nuestro país unas 6.000 muertes anuales y podrían prevenirse unos 60.000 eventos cardiovasculares y ACV.
En los últimos años ha aumentado la evidencia de la injerencia de los altos niveles de sodio en enfermedades como diabetes, enfermedades vasculares de pequeños vasos (el deterioro cognitivo en adultos mayores suele estar asociado a esta causa), en la rigidez arterial (que se está viendo cada vez más en adultos jóvenes) y patologías renales, entre otras. La dieta hiposódica (reducida en sodio) es beneficiosa en todos esos casos.