Desde octubre de 2017, cuando en la zona de arribos de Aeroparque comenzó a funcionar un sistema de control para los taxis que ingresaban a esa terminal, el Gobierno porteño comenzó a trazar una especie de círculo de confianza, en el que pretende contener tanto el funcionamiento legal de estos vehículos como el accionar de sus choferes. Para completarlo, restaba implementar la última medida, anunciada en noviembre: una "tarifa prefijada" que el pasajero podrá conocer antes de subir al auto.
Además de Aeroparque, los tótems del sistema funcionarán en los sectores de egreso del aeropuerto de Ezeiza, Buquebus y la complicada terminal de Retiro, donde los taxistas no deberán prender el taxímetro y sólo podrán cobrar lo que indique el ticket entregado por el pasajero, en efectivo o con tarjeta, y dirigirse al destino dispuesto en el mismo. Aunque todavía resta la confirmación oficial, se supo que el sistema empezará a funcionar antes de fin de mes y estará instalado en los cuatro espacios previstos en los primeros días de abril.
En el resto de la Ciudad, donde no opere el sistema de tótems, los choferes deberán seguir utilizando el taxímetro. Al menos hasta el segundo semestre de este año, cuando a medida que los taxis deban ir renovando sus licencias, se les exigirá equipar el auto con una tablet -que reemplazará al taxímetro- y una aplicación asociada (BA Taxi o cualquier otra aprobada por la Ciudad). Así, será obligatorio el uso del sistema de pedido de viajes digitales, al tiempo que todos estarán conectados con el nuevo Sistema de Gestión Integral de Taxis, que también será obligatorio.