Grupos de familias que dormían en carpas desde hacía días para reservar los primeros lugares en la cola que reúne a miles de fieles de San Cayetano ingresaron a medianoche y presenciaron la primera misa, que tuvo lugar a las 4 de la madrugada, para agradecer y pedir un año más por pan, paz y trabajo.
Dada la masiva movilización hacia la iglesia del barrio porteño de Liniers, desde ayer se producen cortes de calles en la zona.

“Somos varias familias, nos conocimos hace años haciendo la cola y desde mayo que nos turnamos y venimos dos días a la semana cada uno para guardar el lugar”, explicó Raquel Fernández, de 75 años y desde hace 40 una fiel devota del santo.
La mujer, que vive en la localidad bonaerense de Temperley, aseguró que para ella es “un ritual” participar de la vigilia, y consideró que acercarse año tras año a la puerta del templo “es una cuestión de fe que no cualquiera puede entenderla”, indicó la agencia de noticias Télam.