Los grandes eventos deportivos, como el Mundial de Fútbol, impulsan el crecimiento de las apuestas online, un fenómeno que alcanza tanto a adultos como a jóvenes. En este contexto, especialistas del Hospital de Clínicas de la UBA advierten sobre los riesgos y las señales a las que conviene prestar atención.
“Los grandes eventos deportivos funcionan como catalizadores. El Mundial de Qatar 2022 fue, según varios reportes de la industria, el evento con mayor volumen de apuestas online de la historia hasta ese momento. En la última década, las consultas por juego problemático vinculado a apuestas deportivas online crecieron de manera sostenida”, explica el Dr. Juan Ingelmo (MN 110.685), médico del Departamento de Salud Mental del Hospital de Clínicas de la UBA.
Entre las razones que explican esta popularización de las apuestas online, Ingelmo señala:
La accesibilidad: apostar hoy no requiere ir a ningún lado, se hace desde el teléfono, en cualquier momento, sin que nadie lo vea. Eso elimina barreras que antes funcionaban como frenos naturales.
La velocidad: las apuestas deportivas online permiten apostar en tiempo real. Esa inmediatez acelera muchísimo el circuito de recompensa en el cerebro.
La publicidad masiva: sponsors en camisetas, avisos en transmisiones deportivas, influencers promocionando plataformas y bonos de bienvenida, entre otros. Todo eso normaliza la conducta y la hace parecer parte natural del disfrute del deporte.
La franja etaria: los jóvenes de entre 18 y 30 años son los más afectados, porque crecieron con el celular en la mano y son el público al que estas plataformas apuntan con mayor precisión.
“Las personas con cierta vulnerabilidad —antecedentes de impulsividad, otros problemas de consumo, situaciones de estrés económico o emocional— tienen un riesgo mucho mayor de que esa experiencia inicial se transforme en algo difícil de controlar. Y los eventos masivos son, en ese sentido, una ventana de reclutamiento involuntario hacia el juego problemático”, explica.
Cuando apostar deja de ser un juego
No suele resultar sencillo identificar cuándo una apuesta ocasional se transforma en un problema. Según Ingelmo, existen señales de alarma que pueden indicar el desarrollo de una conducta adictiva vinculada al juego. Entre ellas, pensar en las apuestas de manera recurrente, incluso mientras se realizan otras actividades; sentir inquietud o irritabilidad cuando no se puede apostar; necesitar apostar sumas cada vez mayores para experimentar la misma emoción; o haber intentado reducir o abandonar la práctica sin éxito.
También pueden aparecer conductas como apostar para escapar de problemas o de estados de ánimo negativos, mentir a familiares o amigos sobre el tiempo o el dinero destinados al juego, recurrir a préstamos o ahorros para seguir apostando, y perder interés en actividades que antes resultaban placenteras.
Las familias, en tanto, deben estar atentas a señales como “cambios inexplicables en la situación económica, estados de ánimo muy variables, secretismo con el teléfono o la computadora, ausencias o distracciones frecuentes, y la aparición de deudas sin una explicación clara”.
Y advierte que “la persona con juego problemático generalmente minimiza o niega la situación, por eso el entorno muchas veces nota el problema antes que ella misma”.
Cómo impacta la adicción al juego en la vida cotidiana
Sobre las consecuencias que puede tener la adicción del juego, Ingelmo sostiene que afectan prácticamente todas las áreas de la vida de manera progresiva. Entre ellas menciona:
En los vínculos, la ludopatía suele destruir la confianza de manera sistemática. Las mentiras, la irritabilidad, el ausentismo, la preocupación constante por el dinero generan conflictos que erosionan las relaciones más cercanas. Es muy frecuente que cuando la persona finalmente pide ayuda, el entorno ya esté agotado o se hayan producido rupturas importantes.
En lo económico, el deterioro puede ser devastador. Deudas que se acumulan rápidamente, préstamos a familiares o amigos, créditos que no se pueden pagar, y en casos más avanzados, conductas ilegales para conseguir dinero. El impacto financiero no recae solo en la persona: arrastra a toda la familia.
En cuanto a la salud mental, el juego patológico se asocia de manera muy frecuente con ansiedad, depresión e insomnio. Incluso, el riesgo de suicidio en personas con ludopatía es significativamente más alto que en la población general.
La importancia del entorno
“El entorno es crucial, tanto para la detección temprana como para la recuperación. La mayoría de las personas con ludopatía no llegan solas a pedir ayuda: alguien cercano fue el que empujó, propuso o acompañó ese primer paso”, explica el especialista.
Sin embargo, señala que acompañar a alguien con juego problemático es difícil y hay errores comunes que conviene evitar. Entre ellos menciona: “cubrir las deudas sin poner condiciones claras (eso posterga la crisis sin resolver el problema de fondo y puede generar dependencia económica que alimenta el ciclo); la confrontación agresiva, que suele activar mecanismos de negación y aleja a la persona de la posibilidad de pedir ayuda; y asumir que la persona ‘podría parar si quisiera’: el juego patológico no es una cuestión de fuerza de voluntad, es un trastorno con base neurobiológica, y tratarlo como una debilidad moral dificulta enormemente la búsqueda de ayuda”.
“Lo que sí funciona es mantener una comunicación abierta y sin juicio, expresar preocupación desde el afecto y no desde el reproche, informarse sobre el problema, y proponer —con calma y persistencia— la consulta con un profesional. Los grupos de apoyo para familiares, similares a los que existen para otras adicciones, también pueden ser de gran ayuda para quienes conviven con esta situación”, afirma.
La adicción al juego en jóvenes y adolescentes
“Esta problemática se observa cada vez más en adolescentes de edades más tempranas y en jóvenes”, señala Silvia Ongini (MN 69.218), psiquiatra infanto-juvenil del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas de la UBA, y advierte que “es una situación que genera preocupación no solo en Argentina, sino también a nivel mundial”.
Según datos recientes de UNICEF, en el caso de las apuestas en línea, “la edad de inicio está asociada a la apertura de billeteras virtuales, que actualmente ocurre en torno a los 13 años y que funcionan como mecanismo fundamental para apostar”. Sumado a eso, “8 de cada 10 adolescentes y jóvenes accedieron o conocen a alguien que haya apostado online”, de acuerdo con la organización.
“Las apuestas online siempre son una preocupación cuando hablamos de niños, niñas y adolescentes, porque se trata de una subjetividad en construcción. La idea de apostar dinero para ganar dinero puede parecer algo sencillo y accesible, cuando en realidad implica riesgos importantes”, señala.
En ese contexto, Ongini destaca la importancia de la prevención y el acompañamiento por parte de las familias, las escuelas y otros espacios de referencia. “Hay que visibilizar el tema sin demonizarlo. Más que juzgar, es importante abrir espacios de conversación y reflexión”, sostiene.
Entre las señales de alarma menciona el aislamiento, la irritabilidad, la ansiedad y una preocupación excesiva por las apuestas en detrimento de otras actividades que antes resultaban atractivas. También advierte sobre situaciones más graves, como utilizar dinero destinado a gastos esenciales para apostar o recurrir a préstamos informales para seguir jugando.
“Ante la duda de un padre o un docente de que un niño, niña o adolescente pueda estar implicado en apuestas online, no hay que dudar en pedir ayuda profesional. Cuanto antes se detecte la situación y se intervenga, mejor será el pronóstico”, señala.
Y concluye: “Hay que habilitar el diálogo y la pregunta tanto en las escuelas como en las casas. No sirve hacer de cuenta que esto no existe, sobre todo en la antesala de un Mundial, con Argentina como campeona del mundo y con una enorme cantidad de publicidades que invitan a apostar online”.