Son cada vez más personas las que usan las cámaras de seguridad. Pero no sólo fuera de sus casas, sino también adentro. Hay quienes tienen cámaras de seguridad tradicionales y sensores de movimiento.
Los tipos de dispositivos son muy variados, y los espacios donde colocarlos también: living, cocina, habitación de los chicos, de los adultos, garages, incluso en bodegas, bauleras y ascensores.
Las cámaras generan una dependencia creciente. Algunas personas necesitan tenerlas para sentir mayor seguridad, otros en cambio dejan todo el día sus televisores encendidos para ver las imágenes de entrada a los edificios, sólo por entretenimiento.
La dependencia es tal, que varios usuarios de dichos dispositivos no se imaginan un día sin ellos, los terminan necesitando como un integrante más del hogar.
La tecnología avanza todo el tiempo. Ahora, la pregunta es si las cámaras de seguridad y alarmas existentes no atentan contra nuestra libertad. ¿Tenemos que ceder cuotas de intimidad para sentirnos seguros? Acaso, para lograr nuestra protección, ¿terminamos encarcelados y vigilados por nosotros mismos?
MIRÁ TAMBIÉN
#Rezadores Cinco historias de fe en la Peregrinación a Luján
Medidores: el colmo del gas, cuarta parte
"He vivido": la historia de Rafael Kohanoff, el inventor de 93 años