Por Adriana Sandro*
El lunes por la mañana nos estremecía escuchar al padre de la policía asesinada Lourdes Espíndola: "¿Qué le voy a decir ahora a mi nieto?". A horas de decidir donar los órganos de su hija, Juan Carlos Espíndola se preguntaba en Buen Telefe de qué manera iba a afrontar la inevitable pregunta de su pequeño nieto de 6 años, hijo de Lourdes: "Abuelo, ¿dónde está mamá?".
Exigido por las circunstancias, el fuerte lazo nieto-abuelo entre Juan y el pequeño hijo de Lourdes sin lugar a dudas se reforzará aún más a partir de hoy.
Si bien este caso es de un alto impacto social, todas las noticias que rondan el vínculo abuelos-nietos siempre nos emocionan, involucran y atraen, como el día en que Efraín Delgado y su abuelo fueron fotografiados colmados de emoción porque el pequeño Efraín recibió un diploma de honor por su buen desempeño escolar en una escuela de Chaco o la foto viral de abuelo y nieto caminando por las calles de España conservando el mismo gesto que los une en sentimiento e imagen.
Dicen que hay que cuidar ambos extremos de la vida: ancianos y niños forman el estado puro más vulnerable de la humanidad. Pero ¿qué pasa con este vínculo tan estrecho por estos días? ¿Influyen los cambios en las prácticas de crianza? ¿Qué sucede con los horarios extendidos de trabajo de los padres y la aparición de la figura de la niñera? ¿Y los abuelos más jóvenes que quieren viajar y disfrutar o que aun trabajan y no se pueden ocupar de sus nietos?
Carmela es adolescente y en plena sesión de terapia se puso a cantar un tango de Cacho Castaña, aunque no es de su generación. Cuando la psicóloga le pregunta cómo lo conocía. “Bueno, porque me lo enseñó mi abuelo”, responde Carmela con sus ojos encendidos de ternura y emoción. Lo que ella además atesora en su memoria -porque se lo contaron sus padres- es que cuando su abuelo atravesó situaciones de salud complicadas o ya estaba en las últimas etapas de su enfermedad, la única alegría era verla llegar al hospital.
Con pequeños detalles queda demostrado que el vínculo entre ambos lados de la vida se retroalimenta. El compartido entre abuelos y nietos es un momento maravilloso para disfrutarse mutuamente y ese espacio de tiempo tiene un valor agregado en la vida de ambos y le da una riqueza espiritual al vínculo: creando recuerdos, emociones y sentimientos que acompañan a los nietos a lo largo de toda su historia.
“Mis abuelos fueron mi cordón umbilical con la historia y la realidad”, afirmaba el escritor y periodista Gabriel García Márquez. Durante algunas entrevistas y memorias habla de su abuelo Nicolás Márquez como el primer espejo en el que 'Gabo' se miró. Le habló de la guerra y de sus temores, le contó sus anécdotas de juventud, lo llevó al cine y al circo, le explicó cómo consultar el diccionario. Fue, en síntesis, su primer acercamiento al mundo. A los ocho años, el coronel Márquez murió y la ceguera que sufría su abuela empeoró, lo que llevó al niño 'Gabo' a volver a Sucre a vivir con sus padres, pero la huella que habían dejado sus abuelos ya sería imborrable.
Los hay divertidos, serios, contadores de anécdotas, melancólicos, compañeros, chispeantes, ocurrentes, más presentes o más alejados. Pero, sin duda, los abuelos otorgan un sentido de pertenencia a la familia dando muchas veces unión, el sentimiento de sentirse miembro e identidad, lo cual influye en la constitución subjetiva de las personas.
“El rol de los abuelos en la crianza de los nietos tiene dos importantes funciones: dar apoyo y sostén a los papás, sobre todo a los primerizos. Por ejemplo, a medida que los chicos van creciendo, en la entrada a la adolescencia y en las distintas etapas del desarrollo, que competen nuevos desafíos para los papás”, explica la Lic. Leticia Tarzi, del Departamento Infanto Juvenil del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), y agrega: “Es fundamental verse apoyados por sus propios progenitores que, desde la contención o la voz de la experiencia, pueden orientarlos y ser un sostén para ellos mismos como papás criadores”.
Por otro lado, está el sostén que ellos aportan directamente a los nietos: ocupan un lugar de privilegio para los niños porque no se ven agobiados por los mismos estresores (factores de estrés) que los padres, que tal vez tienen una agenda hiper cargada por una situación laboral más activa o por el estrés mismo que genera la crianza, ellos están ya en otra posición que les permite vincularse con los chicos sin tantos estresores.
Además, no cargan con lo difícil de la crianza: poner límites, la rutina, salir corriendo de aquí para allá.
“Ellos se dedican a disfrutarlo, con lo cual se genera un vínculo de amor y contención diferente al que se forma con los papás y que enriquece la vida de los nietos. Por eso es que muchas veces los nietos recuerdan a sus abuelos como un lugar de cariño, un lugar de juego, como su lugar de escucha. Diferente y, a veces, hasta más cálido del que pueden ofrecer los papás, que tiene que ver con la tarea del peso de la crianza, con la parte dura”, agrega la Lic. Tarzi.
También está la otra cara de la moneda. Muchas veces los abuelos no pueden cuidarlos para cubrir los horarios laborales de los padres y la familia relega la misión en una niñera o colegios de doble escolaridad.
Desde el Departamento Infanto Juvenil de INECO, le contaron a Telefe Noticas “que esto tiene que ver con que hoy las abuelas son de una generación en que la mujer está completamente inmersa en el mercado laboral, con lo cual, las que son abuelas más jóvenes, anterior a la etapa jubilatoria, aun están inmersas en el mercado laboral y no en la casa como amas de casa a disposición de criar a los nietos, algo que tal vez en generaciones anteriores no sucedía. Porque, si bien la mamá estaba ya laboralmente activa, la abuela tal vez no. Entonces nos estamos enfrentando a una generación donde las abuelas son mujeres que trabajan”.
Por otro lado, ahora los horarios del trabajo son más extendidos. A veces los abuelos no están toda la jornada laboral de sus hijos cuidando a sus nietos, pero son los que los retiran en el colegio a las cinco de la tarde cuando salen y los cuidan hasta las siete u ocho de la noche, que llegan los papás. El ritmo actual es tan vertiginoso que se necesita mucha estructura y toda una red de cuidado que a veces los abuelos solos no pueden dar, por eso es que se lleva también a buscar instituciones o personas que puedan colaborar en este sistema familiar.
También la realidad es que abuelas y abuelos tienen en la actualidad otros deseos, otros proyectos que exceden el quedarse en la casa cuidando a los nietos. Muchos dicen “ya crié a mis hijos y ahora es tiempo de hacer cosas para mí”. Dependiendo de la situación económica, viajan o tienen sus propias actividades y no quieren cargar con el peso completo de criar a los nietos. Tal vez ayudan, pero compartido con otros recursos. Y, por supuesto, también hay familias donde siguen cuidando a los niños durante toda la jornada.
Respecto a cómo evolucionarán estos vínculos de abuelos a nietos a lo largo de los años, la Lic. Tarzi comparte una reflexión: “En los últimos años, por el uso de la tecnología, las modificaciones en crianza tienen que ver con condiciones laborales diferentes, con mayor presencia del padre y demás cuestiones que hicieron que todos los vínculos vayan mutando”.
“Los lazos con los abuelos se van a ir transformando en la medida que los sistemas familiares vayan cambiando. Mi expectativa es positiva: con el avance de la ciencia y de la medicina, mejora la calidad de vida y se prolonga la vida, los abuelos pueden disfrutar cada vez más a sus nietos y en mejores condiciones”, pronostica la especialista.
“Mi idea es que van a seguir ocupando ese lugar de apoyo a los padres y de amor incondicional a los nietos, no creo que esto vaya a cambiar a lo largo de los tiempos, al menos es un deseo”, concluye.
Si tenés abuelo, desde Telefe Noticias te sugerimos que lo visites, lo escuches y lo disfrutes.
* Adriana Sandro es periodista en Telefe Noticias y Lic. en Psicología - MN 53315
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