La mujer, que ingresó al hospital el pasado 29 de junio, se había colocado la silicona en 2005 y desde esa época se inyectaba la sustancia asiduamente.
"En reiteradas ocasiones ella fue presentando ese dolor que migró al cuello y luego al tórax con el riesgo de hacer una trombosis", dijo González.
La silicona industrial, que se usa en maquinarias y generalmente es un lubricante en forma gelificada, comienza a infiltrar los tejidos que no están inyectados y puede llegar hasta la piel, hacer úlceras y producir complicaciones locales.
Pero los riesgos no terminan ahí. Otro peligro que genera la inyección de esta sustancia en el cuerpo de una mujer está en la imposibilidad de diagnosticar enfermedades de las glándulas mamarias.