Luego de un largo proceso de disminución de la visión, Olga quedó ciega. Además, la mujer tiene un leve retraso mental que hace que la solidaridad de los vecinos no sea suficiente para ayudarla a pasar sus días en una precaria vivienda del barrio salteño Fraternidad.
Hace poco más de una semana, Valeria, una vecina del barrio, denunció la precaria situación en que vive Olga por medio de las redes sociales, y mucha gente se solidarizó, pero la buena voluntad no es suficiente.
“Ella necesita que la cuiden todo el día, o que la lleven a un lugar donde la puedan cuidar. Cuando viene Asistencia Social le traen detergente, arroz…¡no tiene cocina! Ni ollas, ni platos ni nada. ¡Olga no tiene nada!”, contó Valeria al medio local VíaSalta, quien además explicó que tanto la ceguera de la mujer como su discapacidad mental le impiden poder realizar las tareas más simples.
Valeria también contó que tanto ella como otros vecinos intentaron realizarle los trámites en IPS para poder facilitarle la asistencia, pero que piden demasiados papeles y datos que la misma Olga no puede proporcionar, con lo cual siempre queda en la nada.
“De la Cooperadora Asistencia y Asistencia Social no entienden que Olga es discapacitada, que necesita que la cuiden”, contó Valeria.
La familia de Olga la visita poco, y una de sus hijas también es discapacitada. Valeria contó que el domingo pasado, un familiar se la llevó para que viva con él, pero que no es la primera vez que sucede, y Olga siempre regresa a su precaria vivienda, de paredes sin revoque y techo de chapa, donde la semana pasada le robaron hasta el inodoro.
Olga requiere de un lugar que pueda cubrir sus necesidades, donde no la roben y maltraten, donde no deba encadenar su puertita -gracias a lo que muchas veces se ha quedado encerrada- ni vivir de la buena voluntad de los vecinos.
“Yo estoy ciega, no puedo ir sola. Antes me manejaba sola pero ahora llego hasta la esquinita y ya me desmayo. Pido que me ayuden, que me consigan una persona que me cuide. Estoy solita mi hijo no viene, mi hija tampoco. Nadie viene”, dice Olga.